SEÑORITOS

 Tendré que escribir a escondidas y buscar el lugar más apartado de este cuarto en donde escribo, tendré que camuflarme de planta, pintarme de verde y llenarme de brotes verdes y que nunca me falten los brotes verdes, son nuestra esperanza, son los que nos aportan savia nueva. Todo esto lo digo, porque me apetece, está claro, pero también porque ahora está de moda la frase de que uno no puede quejarse de todo (que no hay libertad para ello) y sobre todo, los que lo dicen lo pregonan desde medios que ven millones de personas y entonces yo me pregunto, si ellos tienen el privilegio de poder decirlo ante millones de personas, porque no lo puedo tener yo. No sé si son otros tiempos que yo no percibo y que no interpreto como faltos de libertades, pero claro si lo dicen estos pijos redomados que les sobra la pasta y el exceso de tontería, habrá que pensar que de alguna manera se van sintiendo marginados. Y que les puedo yo decir a estos mendas sobre este asunto, que yo llevo toda mi puta vida instalado en la marginalidad y que ahora, que puedo escribir en un blog y decir y opinar y sobre todo expresarme libremente, pues pasa que todo esto de lo que se quejan me suena a triquiñuela. Podría ser que ya no están en la cúspide de la ola, que han ido perdiendo influencia (y menos mal) y por eso se disfrazan de pobres ofendiditos que ni siquiera tienen el derecho a expresarse.

Tiene bemóles la cosa. Antes, hace muchos años, los pijos redomados se juntaban entre ellos en clubs de élite y allí supongo yo, que se cagaban en todo y empezando por la puta plebe (que somos nosotros), pero ya digo que lo hacían en clubs privados donde se juntaban las élites y sus retoños. Pero ahora no les llega con quejarse en privado y por eso acuden a los medios de comunicación que le dan chance. Pobrecitos estos señoritos que apenas pueden hablar y opinar sobre sus tonterías de niños pijos. Ayer fuí a navegar con Jorge y lo pasamos muy bien. Hoy hemos quedado para jugar un partido de tenis y mañana iremos a cabalgar. La vida del pijo es complicada, un día hay que esquiar, otro día hay que desplegar las velas y al tercero, hay que ir a lomos de un caballo. Pero resulta que ahora, se sienten marginados y no se sienten libres, porque no salen todos los días en la portada de los periódicos y describiéndonos el vacío que tiene la vida de un pijo.

Yo por mi parte, lo tengo más que claro. El pijo se aburre y se queja y yo le diría, señorito usted manda y ordena, pero si le aburre su vida de señorito, cambie de vida y porque para que usted pueda jugar, cabalgar o esquiar, hay miles de personas que se lo facilitan todo y señorito, conviértase en uno de ellos y asunto resuelto. Señorito baje al ruedo y enfréntese al toro.

















No hay comentarios:

Publicar un comentario

Julia Uceda