LOS AUTOMATISMOS

No soporto más el llegar de guardia y encontrar mi sala de estar arrasada, vamos como si hubiera pasado Átila y sus huestes por mi casa. No puedo entrar en mi casa y tener que mirar para otro lado y por no ver la mierda que han dejado mis hijos. Porque cuando uno viene cansado necesita más que nunca, orden y que las cosas estén en su sitio. Y eso que yo no soy un maniático del orden y esto tiene que estar aquí y por mis cojones, no señor, no lo soy, pero ahora cuando vengo arrastrando mi cuerpo por el cansancio acumulado pido y solicito un poco de orden.

Y bueno, con lo que ya no puedo es con tener que despertar a mi hijo mayor y porque pone el despertador para despertar a las moscas, pero por supuesto, no a él. Menudo comienzo de vacaciones, si tenía que estar saltando por las aceras y comiendo uvas debajo de una parra y al cobijo de su entrañable sombra. Como se dice, disfrutando del momento y saboreando que tengo 3 semanas por delante. Las vacaciones nunca se disfrutan al instante, pues tardas días y días en poder quitarte el mono del trabajo. Aún tengo días por delante de despertarte pensando que te has quedado dormido o joder, que ésta noche curro y voy a llegar tarde.

Los automatismos. Los automatismos adquiridos a base de repetirlos. Y cuando te los quitas de encima y vas adquiriendo los nuevos o vacacionales, sin darte cuenta ya estás en la mediana de las vacaciones. Son muchos meses haciendo casi lo mismo: despertarte, levantarte, desayunar e ir corriendo al curre y llegar con la lengua fuera. Y acabas la guardia y vuelta a casa y te encuentras con la casa hecha una mierda y esto es un hecho y es un hecho por el que hoy he empezado éste escrito.

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