OTROS TIEMPOS


Es verdad que a veces me acuerdo de tí (muy pocas veces), pero cuando me acuerdo me invade un no sé qué...que no sé muy bien como interpretarlo. No, no te echo de menos, pues en este caso el pasado es pasado y pasado está. Pero a veces me vienen luces de recuerdos que me hacen pensar en tí y al principio son recuerdos bonitos, pero al minuto, estoy pensando en lo perdido que estaba yo de aquellas y porque nunca alcanzaré a comprender que hacía yo contigo. Mi mundo no era el tuyo y tu mundo no era el mío. Pero de aquellas era de los que pensaba que sin pareja sería una puta mierda de tío y seguramente lo sería y porque de aquellas andaba más perdido que un pulpo en un garaje. Puedo recordar tu risa fresca, tu optimismo vital, tu gusto por el cantar y porque se te daba fenomenal y que entre los dos conseguimos casi acabar nuestra respectiva carrera. Daño yo te hacía y mucho, pero tú no te quedabas atrás y cada verano te aplicabas lo suficiente para ponerme a mí carioco. No sé, eran celos pero al mismo tiempo, no lo eran y porque en el fondo estaba deseando que por fin, pasaras de mí.

Pero no pasabas y es más, volvías a mí y yo a tí y yo creo que en el otoño invierno, los dos cubríamos nuestras necesidades más elementales. En primavera, empezaban los problemas y en el verano, ya se disparaban. Y de nuevo la noria empezaba a dar las mismas vueltas y pasaron años así (no sé muy bien si fueron 3 o 4 años). Que difícil era de entender y sino nos entendíamos nosotros, como carallo nos iban a entender los demás. Creo que si yo hubiera sido tú, te hubiera mandado a la mierda a la semana de conocerme. Pero no, aguantaste el chaparrón y los tsunamis. Yo desde ahora y cuando ha pasado la friolera de más de 40 años, te diría lo mismo pero al revés, que no sé como pude aguantarte todos esos años. Hay cosas que uno nunca llegará a entender y tanto lo digo por mí como por tí.

Pasaron más de 40 años y de repente y por lo que sea, me pongo en contacto contigo (por el feisbuk) y yo te saludo con toda mi buena educación (que por cierto, no es mucha) y tú me respondes, que alegría Bruno saber algo de tí. Y en la siguiente frase, ya me estás preguntando si me he casado, que si tengo hijos y yo le digo que sí y entonces ella me responde, pues yo no y como vanagloriándose de no haberlo hecho y como diciéndome en plan descarado, eso no es lo que decías antes. Y coño pensé que era verdad, que en aquellos momentos de hace más de 40 años pensaba que lo de casarse era un cuento de hadas y bajo ningún concepto podría contemplar el tener hijos. ¿Y que lo podría decir ahora?. Tendría que contarle todas mis inseguridades y todas mis seguridades, pues yo me casé muy consciente de ello y de lo de tener hijos ¿para qué hablar de ello?. Porque ahora, los amo y los quiero. La vida es una pescadilla que de vez en ciuando se muerde la cola.




















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Julia Uceda