Como ya dije anteriormente, hoy es Sábado y los sábados fueron para mi muy importantes, sobre todo cuando era un chaval. El sábado no tenías hora, hora de vuelta a casa si que tenía, pero me refiero a hora de dormir y podías dedicarte a pensar lo que te petaba de los huevos, vamos todas esas cosas que te quedaban pendientes de la semana. A mi en Verano me gustaba pasar esas horas en la ventana, recibiendo la brisa marina y escuchando al océano Atlántico, eso sí, con la luz apagada, porque sino había bronca segura.Además después del Sábado venía el Domingo y eso significaba poder dormir hasta las tantas. Después pasaron los años y ya el Sábado cambió de tercio y ,lo más importante era el salir de juerga. Noches de risas y de conversaciones y ya se sabe los primeros ligues y todo lo que ello arrastraba: besos, abrazos, más besos y calentones bestiales. Época dura en la que no tenías donde poder chingar, todo eran lotes y lotes, pero de ahí no pasaba.
Ya después vinieron las noches de sábados locas y desfasadas. Y copas, discotecas y música a todo trapo. Para mi las mejores noches de los sábados eran las que después de ir de copas acabábamos en la playa. Claro que la tienda de campaña se montaba de esa manera tan abstrata, pero más o menos se conseguía. Y los despertares en la playa fueron los mejores de mi vida, una hoguera, un baño y tumbarse sobre la arena, aquí sí que no había resaca, no había nada más que lo que la naturaleza te regalaba. Noches de dispendios con una buena recompensa.
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