ÚLTIMO ATARDECER DE FEBRERO (Galicia)


 

Hay sombras que se han pegado a la pared

 

Hay sombras que se han pegado a la pared

y aunque no las veamos

ahí están y ahí perviven.

Están escondidas bajo varias capas de pintura

la última vez que pinté esa pared

fue como hace dos años

y no lo hice por esconder aún más 

mis viejas sombras

y que siempre he querido tanto

y en cambio sí lo hice para cubrir

mis humedales más profundos

esos humedales de aguas quietas y estancadas

y donde se pudren mis peores recuerdos

aunque cubrir no significa olvidar

para poder olvidar hay que hacer mucho más

hay que volver atrás

situarte en aquél momento

y como estabas tú y como estaba el mundo

y como funcionaba la vida a tu alrededor

y extraer lo bueno y reivindicarlo de nuevo

y extirpar lo malo y lo peor

del interior de tus pensamientos y hechos

y pedir perdón a la persona dañada,

y sin esperar ninguna respuesta por su parte

porque a lo mejor ese daño ha fermentado de tal manera

que se ha convertido en maldad y odio

y por eso elijo como mejor respuesta por su parte

el silencio, 

el puto silencio de una tarde sin viento.













UNA DISLEXIA HISTÓRICA


Ay viajar...viajar y un largo e infinito suspiro...y en sí a mi el hecho de viajar no me gusta nada y lo que me gusta es adonde me dirijo, hacia ese lugar soñado y ansiado, pero el hecho de viajar para mi casi perdió todo su encanto y porque desde que hay aviones comerciales e inmensos aeropuertos donde todo dios anda como zombis y totalmente inmersos en sus respectivas paranoias, la temática romántica del viajar se desmoronó como un castillo de naipes. A mí me gusta viajar a la vieja usanza, en antiguos coches que no pasaban de 100 kilómetros y el poder parar en cualquier sitio o bar o posada que tuviera una vieja parra de uvas y unas mesas de puro granito y seguir atravesando los pueblos por el medio y descubriendo así el funcionamiento de sus entrañas vitales. Y te gustaba una terraza o una calle y te parabas
Y los viejos y entrañables trenes, trenes de muchos vagones y que llegaban hasta el infinito. De lo primero que me quedo de los trenes son con sus estaciones, con sus preciosas estaciones llenas de oropeles y hierros fundidos y esa cafetería cutre llena de sombras y lágrimas de despedidas, pero también de besos y abrazos de recibimientos. Me gusta ese aire a despedida y porque siempre me gustaron más las despedidas que los recibimientos y ese aire melancólico que tienen las auténticas estaciones de tren, solo se consigue a base de ver pasar gente y percibir sus sensaciones. El recibimiento es fácil, recibes, te abrazas y te das un beso insondable, pero te vas contento y dichoso y porque lo que esperabas, lo has conseguido y además, lo llevas entre tus manos. Y a mi gusta más el deje, el sentir que pierdes algo en lo físico y ya depende de ti y de la persona despedida que mantengas ese hilo mental con ella. Como decía aquél anuncio, hay una leyenda que dice, que hay un hilo invisible que te une a tu alma gemela y bla, bla, blá...y no sigo con el anuncio y porque era un anuncio de un coche y que en éste caso en concreto, el coche era tu alma gemela. Y que manera de joder la poesía y que manera de que yo nunca compraré ese coche en concreto y por el simple hecho de sentirme agredido con semejante salto mortal.
Y lo segundo que me gusta de los trenes, son sus vagones, sus viejos vagones de madera noble y desgastada por el paso de innumerables huellas humanas y sus largos pasillos llenos de reflejos y sombras y sus chirridos que suenan a almas desgarradas y abiertas de carnes y hasta el revisor con su ridículo sombrero y su pito en ristre y como si fuera un árbitro, me gusta. De todas formas me gusta de esa manera tan rara y tan distante y lo cual quiere decir, que no me lo llevaría a comer a mi casa. Y los olores de los vagones y su karma y su alma, también me encantan. Y me estoy dando cuenta, que yo no debí vivir en la actual época y debí haber nacido en los años 20 y eso se llama tener una DISLEXIA HISTÓRICA.













TODO ES MUY SIMPLE de Idea Vilariño


Todo es muy simple mucho
más simple y sin embargo
aún así hay momentos
en que es demasiado para mí
en que no entiendo
y no sé si reírme a carcajadas
o si llorar de miedo
o estarme aquí sin llanto
sin risas
en silencio
asumiendo mi vida
mi tránsito
mi tiempo.













MI PRIMER AMOR, QUE NO FUE MI PRIMER GRAN AMOR.

  Mi primer amor que no fue mi primer gran amor y es que entre hablar de amor y hablar de gran amor es como estar jugando en dos divisiones ...