A medida que envejezco (Lawrence Ferlinghetti).

A medida que envejezco
percibo que la vida
tiene la cola en la boca
y otros poetas y otros pintores
ya no encarnan para mí
ningún tipo de competencia
El cielo es el desafío
el cielo
que aún debe ser descifrado
ese alto cielo
ante el que caen agobiados
los astrónomos
con sus grandes orejas electrónicas
ese cielo
que nos susurra constante
los secretos finales del universo
el mismo que respira
hacia adentro hacia afuera
como si fuera el interior de una boca
del cosmos
el mismo cielo
que es el borde de la tierra
y del mar también
el cielo
de voces múltiples y ningún dios
rodeando un océano de sonido
que devuelve ecos
como las olas
que estallan en el murallón
Poemas enteros
diccionarios completos
enrollándose
en la explosión de un trueno
Cada atardecer un cuadro instantáneo
cada nube un libro de sombras
a través de las que vuelan salvajes
las vocales de los pájaros
que llorarán repentinamente
Ese firmamento para el pescador
está despejado
a pesar de las nubes oscuras
Él lo observa
lo estima por lo que es:
el espejo del mar
a punto de precipitarse sobre él
en su bote de madera
al filo del horizonte oscuro
Nosotros lo imaginamos como un poeta
siempre cara a cara con la vieja realidad
donde los pájaros nunca vuelan
antes de la tormenta
No lo dudes
él sabe lo que caerá desde las alturas
antes de que amanezca
él es su propio vigía
en su embarcación
atento al sonido del universo
dando cuenta de las visiones
de la tierra de lo viviente
con su voz poderosa

"Crónicas marcianas", Ray Bradbury


 "Los hombres de la tierra llegaron a Marte. Al principio sólo unos pocos, unas docenas, porque casi todos se sentían enfermos aún antes de que el cohete dejara la tierra. Y a esta enfermedad la llamaban soledad..."


NO OS CONFUNDÁIS (Francisca Aguirre)

 

Y cuando ya no quede nada
yo siempre tendré
el recuerdo de lo que no se cumplió.
Cuando me miren con áspera piedad
yo siempre tendré
lo que la vida no pudo ofrecerme.
Creedme:
todo lo que pensáis que fue
destrozo y pérdida
no ha sido más que conjetura.
Y cuando ya no quede nada
siempre tendré lo que me fue negado.
No os confundáis:
con lo que nunca tuve
puedo llenar el mundo palmo a palmo.
Tanto miedo tenéis
que no habéis advertido
la riqueza que se oculta en la pérdida.
Desdichados,
poca ganancia es la vuestra
si nunca habéis perdido nada.
Yo sí he perdido:
yo tengo, como el náufrago,
toda la tierra esperándome.















LOS VIEJOS COMO YO


Los viejos, como yo,
andamos como los cangrejos,
hacia atrás
y removiendo viejas historias que se quedaron
guardadas en un rincón de tu memoria.
Y que ahora
intentamos recuperar o rescatar.
Vivimos pensando que nos va quedando menos
y nos moriremos diciendo
lo pude hacer mejor si supiera todo lo que ahora sé.
Pero no preocuparos demasiado por esto
y porque hagamos lo que hagamos
siempre nos faltará saber más.

A VECES, ME REVUELVO

 

A veces me revuelvo
y me rebelo contra todo signo de poder.
Algunas otras
me dejo la piel contra la sin razón del sin sentido,
e intento entender
el resentimiento hacia lo incomprendido.
En otras
no soporto la mentira piadosa del que se dice, compasivo,
y porque la compasión me saca de quicio
y me hunde más en mi propia miseria mediocre.
Y no, no me arrepiento de ser como soy,
aunque para ello deba cruzar tormentas siderales,
aunque tenga que profundizar en el magma de los volcanes,
y si hace falta navegaré por los siete mares que hay entre el averno y yo.
Así soy yo,
prefiero luchar rodeado por mis viejos fantasmas y miedos,
que quedarme quieto e inerte
ante tanta injusticia
y porque yo no aspiro a que me entierren en tierra de nadie.













VERDUGO (Pedro M. Martínez)

Me siento en la roca de añorar y cuento el rito y el descalabro, que los pájaros vuelan entre tejados, que fui feliz en el delicado refugio de su vientre. Busco la poesía en lo que digo desde el borde de la sangre que amenaza con anegar mis venas de cordura. Los perros del alba hacen guardia en los altares. Soy mi propio verdugo, me corto el cuello y continúo, empapado en la energía que derroché, mojado de nostalgia. Solo los ausentes comprenderán la ausencia.


















LA NECTARINA (Batania/Neorrabioso)

 


NO SOPORTO LOS CÍRCULOS VICIOSOS


Cambio de canal
y por tanto y en definitiva,
cambio de historia.
¡Que le den por el culo al mundo y algunas personas!.
Saber pasar página tiene su peso en oro
o así...debería de ser.
No perder el tiempo inútilmente,
será mi nuevo lema.
Escoge mejor tus prioridades,
dirían mis mejores amistades
o los que realmente me quieren.
Dejar la venganza de lado
y el resto del tiempo disfrutemos de lo que hay y de lo que vendrá.
Nada podrá conmigo,
ni las estupideces de algunos,
ni los malos rollos de otros,
ni las ganas que tienen algunos de joderme.
De cerca ya es imposible,
en su momento dije que no
y ahora ese bicho llamado resentimiento,
que le coma sus entrañas
pero que no cuente con las mías.
Yo ahora,
paso del tema:
me declaro en paz y en armonía
y si me vuelvo a salir por la tangente de mis sentimientos,
tendré que tomar otras medidas.
Pero lo que realmente yo sé
es que no soporto los círculos viciosos
esos que me hacen confundir cual es el punto de entrada
y cual es el de salida.















JOHN STEINBECK


 

FIJAROS


Fijaros que asco...me está dando el tema
yo pienso que vivo rodeado de más amor que de odio
y en cambio veo a mí alrededor y al detalle
y observo que el odio crece como una enrededadera cara al sol
y que el amor es raíz a la que le cuesta extender sus dedos bajo el subsuelo.
Más bien,
pienso que vive soterrado esperando su momento
y puede que ese momento llegue
y sea ese instante cuasi perfecto
de fondo sonará música de violines
y el olor a azahar invadirá nuestra pituitaria
o puede que ese amor se vicie y de tal manera
que no podrá crecer más.
Yo no sé de pájaros
pero sé que volar no es fácil
no tengo alas
no tengo plumas
no soy ágil de cuerpo
y tengo un inmenso miedo a tirarme al vacío
y sin saber realmente si soy capaz de volar.

PALABRA DE TROLL (Batania)


Sí, soy un troll.
De esos que no tienen vida ni novia ni amigos.
De esos que en la calle no tienen ni media hostia pero se vuelven muy valientes
delante de las teclas de un portátil.
Ya sabéis lo que hacemos los trolls.
Nos dedicamos a joder al prójimo.
Allí donde notamos algún consenso o algún lazo social,
aparecemos para arruinar la fiesta. Siempre sin dar la cara, por supuesto,
escudados en multinicks y seudónimos,
solo por estar a la altura de nuestra miseria.
Estamos amargados, somos rencorosos, nuestro interior rezuma odio,
somos gentuza.
No podemos tolerar que algo triunfe o que la gente sea feliz,
no soportamos a los que se elevan y brillan
y tienen talento porque nos recuerdan lo que somos nosotros,
unos tristes pajilleros mediocres que malviven en un antro lleno de cucarachas.
Así somos los trolls.
Como soy uno de ellos,
quería comunicaros que no voy a votar en las elecciones del 28 de abril
y que ya he encargado la camiseta
“SÍ, YO ME QUEDÉ EN CASA EL DÍA EN QUE ESPAÑA VOTABA AL FASCISMO.”
Sí, eso voy a hacer. Porque soy un troll.
Y como troll pienso que el fascismo ya había llegado,
que el fascismo es El Tarajal, las concertinas, los CIES, las repatriaciones exprés
y las redadas según el color de la piel.
El fascismo es indultar a policías condenados por torturas.
El fascismo son los miles de ahogados en el Mediterráneo
mientras se impide que el Open Arms salga del puerto.
El fascismo es que los sin techo y los inmigrantes no tengan derecho al voto.
El fascismo es que te obliguen a pertenecer, amar
y defender el lugar donde simplemente quieres vivir,
en nombre de una palabra, “patria”,
que me da asco y a la que deseo su fin más próximo.
Así que meteos vuestra papeleta y vuestra "fiesta de la democracia" por el culo.
Fijaos bien en lo que he dicho: que os metáis vuestra papeleta por el culo
y que deseo ver con mis propios ojos el fin de España.
Si seré miserable.
Si seré escoria.
Si seré pedazo de troll.













PRAZA DAS BÁRBARAS

Praza das Bárbaras o Plaza de Santa Bárbara y situada en pleno casco viejo da Coruña. Ahí viví un año y justo en la casa situada a mano izquierda y está justamente detrás del ancho tronco del árbol. Casa pintada de blanco y que en su primera planta tenía un par de ventanas y en su segunda planta tenía otras dos ventanas más pequeñas y que todas daban a la plaza que presidía un hermoso Cruceiro y tal y como se ve en la foto. El resto de los muros de la plaza pertenecían a un convento, Convento de Santa Bárbara, que pertenecía a las monjas Clarisas y que estaba declarado como convento de clausura. El silencio era el sonido que predominaba en la plaza, aunque por la mañana los pájaros llevaban la voz cantante. Y como era y es una plaza apartada del mundanal ruído, el resto del día dominaba el silencio y a veces ese silencio era tan hermoso y tan especial, que te ayudaba a sobrecogerte con él y con la Plaza. De día pasaban por la plaza unas cuantas personas contadas y hasta podías oír el sonido y los ecos de sus pasos. De noche no pasaba nadie, aunque el Viernes o Sábado de cualquier fin de semana, algunos chavales se sentaban en el Cruceiro y para hacerse un "botellón". Y que a su vez consistía en beberse entre unos cuantos unas cuantas botellas de lo que fuera pero que siempre tuviera de base, alcohol. Y a veces estaban entre dos horas o tres y con la resonancia que tenía aquellas hermosa plaza, parecía que estaban haciendo el botellón en tu puta casa. Y otros, se echaban 5 o 6 horas bebiendo sin apenas respirar y entonces la cosa acababa mucho peor y todos a mear en la plaza y de cada vez daban más gritos y con más fuerza y más estruendosas risotadas y hasta había algunos que les encantaba romper contra aquellos hermosos muros de granito, las botellas de cristal que a su vez habían ido
vaciando. Y aquello ya no era tan bonito ni tan bucólico. Además, no se podía reclamar silencio y porque de tan puestos y ciegos que iban, las botellas de cristal que iban vaciando podrían ser dirigidas hacia tí o hacia tu casa. Supongo que las monjas de clausura que habitaban detrás de aquellos muros portentosos pensaban lo mismo que yo y porque ninguna de aquellas noches insufribles, ví que una monja abriera la ventana y para pedir respetuoso silencio. Allí nadie pedía nada, se hablaba en respetuosos susurros, apenas nadie gritaba (salvo esas noches de desmadre) y cuando pasabas andando hasta te molestaban el ruído de tus propios pasos. Aquella plaza o plazuela y porque era pequeña y porque además era muy coqueta, cuando entrabas en ella, parecía que entrabas en otra dimensión de otro mundo o de otro planeta...


EL PUENTE (Amalia Bautista)

Si me dicen que estás al otro de un puente, por extraño que parezca que estés al otro lado y que me esperes, yo cruzaré ese puente. Dime cuá...