Que soso ser todo el rato... feliz.
Todo el santo día... feliz,
feliz con inmensos aspavientos,
con exagerados gestos espasmódicos,
feliz con risas como truenos afónicos e hiperbáricos.
Feliz con la mirada turbia por la borrachera de felicidad
y con el sentido aturdido por falta de viento.
Feliz con convulsiones de felicidad incontenible
y con esa sonrisa permanente impúdica y obscena.
Ser todo el rato... feliz,
que mal suena,
que empacho,
que dispendio,
que exabrupto,
que miseria,
que mentira disfrazada de verdad,
que pena de lágrimas y de llanto
que tanto hemos derramado,
que tristeza la mía,
y que pobreza la nuestra...
¿Feliz todo el rato?,
No, ¡que va!
prefiero la vida a ratos,
a pedazos, a trozos,
y un día me río de lo que quiero
y otro día lloro por empatía
y hay veces,
que hasta me atasco en un sumidero
o me quedo perdido en tierra de nadie
y entonces
ni me rio ni lloro
ni hago nada de nada.

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