ÉSTA MARAVILLOSA ISLA


 Ahora venía pensando que estoy muy mal acostumbrado. Son los efectos colaterales de vivir en ésta Isla pequeña y sumamente coqueta, coqueta en exceso, amable sólo a veces, entusiasta pero no tanto, cariñosa sólo en verano y cuando tiene que vivir de los guiris de guirilandia y entonces hay que sacarles la pasta. Creo que descienden de los fenicios, que su mejor cualidad era ser unos buenos comerciantes. Y a lo que iba, acabó de aparcar el coche en la misma puerta de mi casa y cuando puse el pie en la acera, me puse a pensar que me estaba  convirtiendo en un menorquín de pura cepa y lo digo porque aquí se tiene la costumbre de querer aparcar en el mismo sitio al que vas y el tema es que inconscitemente yo estaba haciendo lo mismo, exactamente lo mismo y el tener que aparcar en la otra calle o a 100 metros de aquí, era como demasiado para mi viejo cuerpo. Aunque sé que en los pueblos pequeños se funciona de esa manera y porque les sobra espacio y casi pueden aparcar donde les de la real gana. Tiene sus ventajas el vivir en un pueblo pequeño y si ya tiene un precioso puerto y que a vez, será pequeño y coqueto, es como si fuera la guinda del pastel de un puto sueño. Hay que apreciar lo bueno y rechazar todo lo malo y seguir viviendo, sobre todo, seguir viviendo y hasta que se te revientes las venas y se vayan las penas. Sinceramente lo único que echo de menos en ésta tierra de infieles, es que ésta Isla no tenga un precioso río y que carezca de montañas impresionantes y que sus cumbres de queden blancas de tanto nevar. Falta esa parte del ciclo vital, no nieva y sino nieva no hay agua en abundancia que a su vez, confluya en un río que morirá en el mar. Mar si hay y como Isla que es, hay mar por sus cuatro costados. El viento de tramontana o viento del norte, aquí sopla como si no hubiera un final, arrasa la Isla y a nosotros con ella. Pero bueno, eso pasa de vez cuando y además tampoco es para tanto si te gusta que el viento te de en la cara.

Nada o casi nada es como realmente quieres que sea  y yo que soy utopía pura, nunca encontraré mi sitio idóneo. El otro día me dí cuenta que llevo más de 20 años viviendo aquí y eso es una excepción en mi vida, pues nunca viví 20 años en el mismo sitio. Estoy en cifras de record. Y si me preguntan si quiero salir de ésta  preciosa y entrañable Isla, no sé muy bien lo que decir. Por un lado me siento muy bien aquí y por el otro, hay algo que me reclama fuera de aquí. Vivo en la duda, pero eso sí, vivo contento. Es una duda que no me hace ningún daño, ni siquiera me duele y además no me obsesiona. Yo perfectamente podría vivir en esa duda perenne y porque realmente casi me da igual vivir aquí que en otro sitio que sea tan precioso como es éste.Y hay miles de sitios preciosos y millones de lugares tan encantadores como mi Isla. Yo no nací aquí y soy foráneo o forastero como aquí les gusta decir. Y forastero será tu prima o tu madre y eso pienso algunas veces y cuando me doy cuenta que realmente lo soy. Forastero es alguien que viene de fuera, pero aquí hay un dato muy diferenciador y unos vienen de fuera y casi de inmediato se quieren volver a su tierra de nacimiento y otros como yo, nos integramos y nos acoplamos a esta tierra y enseguida disfrutamos de sus paisajes y de su buen hacer. Lo cual no quiere decir que no podamos disfrutar de otros paisajes que hay esparcidos por todo el mundo. El mundo está lleno de preciosos paisajes y a éstas alturas de mi vida, no soy capaz de despreciar ninguno. De momento seguiré viviendo en éste paraíso divino, pero no descarto nada y porque mi filosofía vital así me lo dice y hoy disfruta de lo que tienes y mañana ya veremos lo que hacemos.





 

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