La imparcialidad es un asunto demasiado espinoso y que puede sonar muy bien, lo de yo soy imparcial y por eso no soy ni lo uno ni lo otro. Aunque está muy claro, que el sujeto que se declara imparcial, puede salir de rositas y por el viejo argumento, de que yo no me voy a mojar. Y en honor a mi imparcialidad me haré neutro y entonces llegado ese momento momento, he decidido que no soporto más al tío que presume de ser imparcial. Pues vaya por delante que yo no lo soy (estaba muy claro y era evidente). Salvo los primeros meses de vida, el resto de mi vida siempre estuvo marcada por parcialidad y porque mi vida me ha llevado hasta ese rincón. Yo no puedo declararme imparcial ante la manada de hostias que recibía por parte de mi madre, cuando era un puto niño mocoso. O no lo era cuando un curita con cara de angelito, me sobaba mi lindo culito de niño virgen todo sabrosón. O como cuando nos imponían reglas y normas fascistas y nos trataban con todo su desprecio de hiena reprimida. Y voy sumando cosas y podía sumar muchas más, pero creo que muchas de ellas se dan por sabidas. Por tanto tengo un arsenal de motivos para sentirme escorado hacia un lado y no hacia el otro. Mi primo que era gilipollas, fascista y clasista hasta la bandera de su puto lindo colegio privado y donde todos eran idiotas, seguramente se escoró hacia el lado contrario al que me escoré yo. Y porque eso es ley de vida y creo que nadie lo pondrá en duda. Mi vida como la de todos, es una lucha contínua entre sumas, restas y multiplicaciones y de ese resultado final, he salido yo. Cada uno soporta el peso de su propia historia y la mía es casi totalmente parcial. Yo me he situado en el extremo izquierdo de la película y desde ahí mismo, interpreto el mundo como yo lo veo y siento.
Y para que después me venga un tío a presumir de su imparcialidad y que yo me tenga que callar y todo por parecer el más empático y conciliador de la tribu. Yo no te pido que me cuentes milongas sobre lo bueno que es estar en el punto medio. Y porque ante tanta milonga estúpida yo me rebelo y me vuelvo a la esquina más escondida del mundo y por supuesto, está en el extremo izquierda. El problema que tiene el radicalizar se tanto, es que sin darte cuenta te metas en una puta secta de mierda. Pero vamos ver, ese no es mi problema. Mis límites los tengo trazados perfectamente y lo de la secta me huele a chamusquina y porque ya no estoy para sectas y ni ahora ni nunca. Me acuerdo de una vieja amiga que la pobre no sabía donde meterse y un día decidió meterse en una especie de comuna que estaba en pleno campo e intentaron auto gestionarse y vivir de los productos del campo que ellos mismos cultivaban. La verdad es que no supe más de ella y fue engullida de tal manera...que no tengo ni pajolera idea de como acabó la cosa. Supongo que mal y porque he visto como acabaron muchas comunas de ese tipo y todas acabaron fatal y todos sus miembros acabaron peor que fatal.

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