Hay días en que uno sabe
que lo mejor que puedes decir
es nada de nada.
Ahora bien
esa situación tan de duelo
debería ser acompañada
de todo un respetuoso silencio
y que el ruído de la calle se hiciera mudo
ni voces y gritos de niños
ni ronroneos de motores
ni perros ladrando a las sombras que ellos ven
ni conversaciones sesudas o banales de adultos
ni el graznido de esas gaviotas que ahora estoy oyendo
ni el sonido agudo de un grito de entusiasmo.
Todos debían de comprender
que algo ha muerto dentro de mí
que estoy de luto
y que como no me espabile
me quedaré vestido de luto
para acudir a mi propio funeral.

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