Ahora mismo el viento me favorece y lo siento tras de mí y empujando mi viejo cuerpo y no sé hasta me llevará, pero tampoco me voy a parar a pensar a donde me llevará. Tengo prisa y ya lo he dicho demasiadas veces y mi prisa se convierte en obsesiva. Espero que sea un lugar fantástico, un lugar lleno de magia y no voy a decir de felicidad, porque todo esto me está resultado bastante empalagoso. Me gusta el azúcar y el pasteleo, pero no tanto. Digamos que me muevo mejor entre una especie de mezcladillo: un poco de dulce, otro poco de ácido y lo que falta que sea un poco de ácido o sea un poco de todo esto y por supuesto, que nadie la corte y por ejemplo, que le añada cal o bicarbonato o fariña. Un mezcladillo o una mezcla de todo un poco. Decía Fariña y me acordé de la peli llamada "Fariña", que iba sobre los narcos de mi tierra gallega. Me acuerdo de aquellos viejos tiempos de narcos, malas historias y drogas. Buenas historias hubo muy pocas, supongo que para los narcos las habría, pero los que éramos pueblo llano y de andar por casa y de vez en cuando, darse una vuelta por el pueblo, la mayoría de esa historias fueron malas y por no decir, fatales. Yo viví durante 3 años en A Costa da Morte, en concreto en Corcubión y allí trabajé de médico y de médico todoterreno o sea de médico donde me dieran trabajo de médico y ya fuera en un sitio o en el otro o en el mismo más allá. Eran malos tiempos, tiempos de muchas drogas, donde el caballo campaba a sus anchas y aquello era un despiporre sin control y estoy convencido de que era uno de los sitios donde había más droga por persona. El caballo lo arrasaba todo y lo poco que quedaba en pie tampoco se podría calificar, como muy normal y porque por aquella costa entraban toneladas de cocaína y como además, fluía la pasta en abundancia y por todo lo que trae tras de sí el tráfico de droga...y eso tiene que ver mucho con la abundacia de pasta y más pasta y al final, gran parte de esa pasta se gastaba en el consumo de esa misma droga. Era como la pescadilla que se muerde la cola, entraba cocaína a toneladas, se descargaba y eso ya era una entrada de pasta, se distribuía y eso, era más pasta todavía y por último, el personal y poco a poco, pero de cada vez más, iba consumiendo la misma droga y esto último, restaba pasta y al final, se gastaba más pasta de la que se ganaba. Toda la vida pasó lo mismo y eso que no estoy contando con toda la gente que se iba enganchado y que empezaron a ser millares y que se fueron extendiendo como una mancha de aceite.
La pasta fácil tiene esa cosas y la pasta fácil y en abundanciia, tiene muchas peores. Una descarga de coca y esa noche era despiporre en el pueblo y hasta el que el más pringado del pueblo ese día se sentía como si fuera el jefe de la tribu. Se multiplicaron los enganchados del caballo y también de la cocaína. El caballo creo que no entraba por allí o por lo menos no en esas cantidades tan tremendas, pero el caballo es una droga muy fuerte que se utilizaba para sentir el placer de sentirse bien sin tener que relacionarse con nadie. No hacía falta salir de casa y no era como la cocaína que era más social y más extrovertida. Y entonces digamos, que la cocaína iba allanando el terreno y para que entrara la heroína a continuación. Pero la heroína era como unas más de cien veces más peligrosa que la cocaína. Al menda enganchado del caballo sólo le importaba consumir más caballo, aunque había algunos que se fumaban la base de coca y aquello era una especie bomba atómica y tan peligrosa como el caballo inyectado en vena. El gran peligro de la base de coca, era que a la hora estaban buscando otra dosis e iban de hora en hora y tiro porque me toca y aquello era imposible de mantener. Poca o muy poca duración y con unas dosis tremendas y de hora en hora. Y hablando de mezcladillos, también había quienes mezclaban la heroína con base de coca y aquello ya era de otro nivel y de otra dimensión y entonces si ya no sabías que enganchaba más y si era el caballo o la base, pues ese mezcladillo resultaba ser una verdadera bomba nuclear.
El día de desembarco de droga, era un día antológico y de extraño y raro que era, tenía que levantar sospechas a la fuerza. Primero, los chavales del pueblo andaban especialmente inquietos y hablaban en corrillos y se les notaba un cierto grado de excitación y que no era normal en ellos. Segundo, la Guardia Civil que tenía su propia rutina de controles y de rutas, pues resulta que ese día se iban en dirección contraria y hasta cogían rutas por las que nunca habían ido (extraño, verdad). Tercero y como Corcubión estaba en el medio de cualquier playa en donde se pudiera hacer el desembarco y como el pueblo sólo tenía una carretera, pues los grandes capos pasaban por allí y como pasaba Perico por su casa, coches enormes, aparatosos y lujosos de alta gama, cruzaban por la única carretera del pueblo y para así acercarse a la playa donde se iba a realizar el desembarco de la droga. Ellos iban a dirigir la maniobra y para llevar el control a pie de playa. Era mucha pasta la que se estaban jugando. Todo estaba untado con la pasta de la droga y desde la pasma (Guarda Civil, en éste caso), hasta los chavales que iban a realizar la maniobra. Y todo bajo el estricto control de los capos. Y aquello funcionaba como la seda untada en vaselina. Había un silencio bastante espeso en el pueblo. Y llegada la noche y ya realizado el desembarco de droga, los chavales del pueblo que normalmente andaban a dos velas y se comían los mocos, pues esa noche eran los putos amos de la noche. Y pasta y droga a raudales, y viva la droga y viva la noche.

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