No hay nada de especial en lo que yo hago, pero sí que hay algo especialmente bueno en lo que escribo y porque lo que escribo es producto de un proceso evolutivo y todo empezó hace 13 años cuando tuve que escribir sobre mi infancia en un Loquero de Barcelona y mirad donde estoy ahora y estoy a millones de años luz de donde antes estaba y he vivido tantas veces y he ido puliendo recuerdos y buscándoles una digna salida, me he parado muchas veces en el mismo sitio y para poder comprobar que cada vez que lo hice, la vista ya no era la misma, he volado por mis interiores y he desatascado algunas arterias y al mismo tiempo, he curado muchos de mis dolores ancestrales y bueno, he estado aquí y allá y en el más allá y en el más aquí. Y lo más importante es que en todo este proceso me dejé el alma y las ganas de querer y a veces, hasta las ganas de comer. Yo he querido a algunas personas, tampoco voy a decir, que fueran miles y porque me parece como demasiado, pero bueno he tenido un buen puñado o un puñado espléndido y que ese puñado fue extraordinariamente amable conmigo, pero por diversas causas, motivos, circunstancias, buenos y malos rollos que han ido surgiendo y otros que ya venían de atrás, al final se creó una especie de embudo y por donde sólo pudieron pasar muy pocas personas. Y algunas de las que habían pasado en principio, después pasaron por la espada de Damócles y se quedaron sin cabeza y ahora estoy intentando recordar como eran cuando tenían la cabeza en su sitio. Una selección natural y una selección que naturalmente se iba haciendo día a día. Hubo días en que me cargaría a todo el mundo y ni siquiera hubiera dejado que la hierba creciera. Aunque fueron los menos. Hubo días alucinantes donde viajé por todo el espacio y aterricé en sitios increíbles y que en toda vida había pensado que podría llegar. Hubo maravillosas tardes, tardes largas, cálidas, hermosas, de sol otoñal, de lluvia en los cristales, de especial calidez y brillantez y donde me sentí el tío más importante del mundo. También hubo tardes aburridas pero menos mal que no fueron muchas. En realidad me he aburrido muy poco y porque no he tenido tiempo para aburrirme y porque yo no se lo he concedido.
Y ahora y viendo en perspectiva podía decir que ya no soy el que antes era. No soy el mismo, ni soy parecido. Algunas cosas me quedan del otro yo, mi franqueza, mi firmeza, mis satélites siderales y mi amor por todo lo hermoso y lo más bello. Sigo igualmente enamorado de la luna, me gustan las noches paseando por el muelle de mi pueblo y las tardes rodeado por mis seres más queridos. Que tampoco fueron muchas tardes pero creo que fueron suficientes y porque no se puede ser demasiado exigente con los sentimientos. Las cosas en su dosis y en su tiempo, siempre saben mejor. Además yo en esto soy muy delicado y paso de estar todo contento con mis apreciados amigos o similares, a pasarme al otro lado y de repente todo me asfixia y necesito tomar aire y recobrar mi vida. Soy así de voluble. Y claro que podía mejorar en éste aspecto y hacerme mejor persona, pero todo tiene su ritmo determinado y su velocidad de crucero. Y el tiempo es el que dirá si lo he hecho bien o no lo he hecho bien y por tanto será mi único testigo. Los demás seguiremos pendientes del tiempo que hace hoy, viendo los telediarios y opinando sobre como funciona el mundo. A mí me hubiera gustado ser mucho mejor que antes y en parte creo que lo he conseguido, pero por otra parte me veo en el espejo y adivino que hay temores que no he superado, que hay miedos que siguen ahí incrustados en el fondo de mi alma y que aún quedan mentiras que se tienen que resolver.En principio las mentiras se usaron como armas defensivas, pero la verdad es que crean vicio y ya se sabe lo que pasa con los vicios, que entras en la rueda del vicio de la mentira y hoy mientes porque te da pena, otro día porque no quiero darle éste disgusto o porque no quiero cortarle rollo y en fin y cuando te quieres dar cuenta eres todo un puto catedrático de la mentira.

No hay comentarios:
Publicar un comentario