Y todo lo que pulula a nuestro alrededor es cuando menos que susceptible de sufrir cambios y por eso, se debenb de ir adecuando las normas a lo quie hay en ese preciso momento y porque todo en éste mundo es transitorio. Hastas yo mismo, soy transitorio y después de haber vivido una vida bastante decente, acabaré dentro de un hoyo y una vez que te hayas muerto ya sabemos lo que va a pasar. Serás parte de ese olvido tan cruel y tan despreciativo y en este asunto que ahora mismo nos concierne, no habrá ni una pizca de piedad. Al año te dirán, sí paso por aquí antes de morirse, pero ya no me acuerdo de como se llamaba, ni si usaba gafas y ni siquiera si tenía una hermosa mata de pelo o era un calvorota. Lo dicho, siempre hemos sido pasajeros del tiempo y nos avisaron nada más nacer y nos lo repieron un montón de veces más, pero claro mientras uno vive no quiere saber de desgracias, ni de situaciones pasajeras que en ese mismo momento carecen de importancia. Somos productos perecederos que llevamos encima nuestra fecha de caducidad. Yo me supongo que quién esté allí arriba, lo primero es que tendrá una mejor visión sobre nuestra mediocridad ny desde allí arriba, no se pueden oír las voces de los que protestan y montan pollos por donde quieran que vayan (yo, soy uno de esos) pero también soy lo contrario y se veo un paisaje maravilloso lo muestro y lo digo y lo proclamo y porque la intensidad que tienen mis sensaciones es cuando menos que bestial. Lo mío siempre ha sido disfrutar del entorno y al mismo tiempo, apuntar todo lo que no me va gustando y para que mañana que a su vez, sería otro día me arreemangue y ponga manos a la obra.
Primero a disfrutar y en segunda posición pondría y a seguir disfrutando. Claro que para mi lo de disfrutar también engloba la batalla diaria y porque siempre y desde tiempos inmemoriales he disfrutado de todo tipo de lucha. Y cuando recuerdo cuando empecé a ser un luchador nato, me tengo que remitir a mi infancia y menudo puto coñazo les metía a mis padres. Después y sobre los 14 años, me metí a jipi, pero la cosa no me duró más que un solitario año, pero es de aquellas hasta ser jipi era un tema de rebeldía. A los 15 ya era todo un prototipo de revolucionario y me decidaba a quemar el coche del director de mi Instituto o a desvencijar el autobus que nos transportaba. En fin, que yo de aquellas era un verdadero coñazo insufrible y todo me molestaba y todo me estorbaba y todo se merecía ser quemado o destrozado. Yo no era un tío de medias tintas y de tranquilízate hoy y porque mañana será otro día, y porque mañana ya sería tarde y mi lema era algo parecido, a que no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy.
Andaba todo el día agitado y siempre estaba ocupado e iba de un lado al otro ny como si en mi culo llevara un puto cohete. A los 12 años ya me había escapado de casa unas cuantas veces. A los 16 años decidí irme de la casa de mis padres y ponerme a trabajar como un puto desgraciado que de aquellas era. Lo de currar en plan proletario me duró unos cuantos meses y tuve que volver a casa de mis padres con todo mi orgullo herido. Pero en fin, yo seguí luchando y creo que en ésta vida, ya nunca dejé de luchar y aunque hubo veces que miré hacia otro lado y porque en definitiva, no soy un puto héroe.

No hay comentarios:
Publicar un comentario