LO VIEJO Y LO NUEVO


Hay días que te quedas atrapado en la primera telaraña que te encuentras y después, te cuesta un huevo salir de ella, pero en fin para eso estamos, para romper telarañas y todo lo que se me ponga por delante y contra los prejuicios aceite de linaza que supongo que sabrá parecido al puto aceite de hígado de bacalao que nos hacían tragar cuando éramos unos enanos y todo porque a un puto medicucho todo untado de billetes, le dió por decir que era bueno para la memoria, y entonces, nos vendió las bondades de ese asqueroso aceite.

Por eso digo, que no todo lo viejo es bueno, que hay cosas muy buenas, pero que también las hay muy malas. Que entre lo heredado hay mucha mierda no descrita y mucho secreto escondido y que en su momento quizá tuvo su sentido, pero que ahora carece de él y porque las cosas cambian y nosotros cambiamos con ellas o al revés. A mi no me vale el viejo argumento de la paciencia y porque me pasa exactamente lo contrario y cada día que pasa me vuelvo más impaciente. La vejez me hace ser más rebelde y todas las normas sociales y digo todas o las fundamentales, me las paso por donde ya sabéis donde.

Y no quiero acabar en una cueva, ni en una cabaña medio desmontada y porque de alguna forma me he adaptado a las comodidades de la vida moderna. Como dicen algunos, me he convertido en un burgués y admito esas comodidades y las hago mías. En mis tiempos jóvenes ya estaría en el monte fundando una nueva guerrilla, pero ahora pasa, que el monte me gusta cuando paso la noche en una cómoda cama y con un buen y rico desayuno y con una rica ducha de agua calentita y entonces, empezaré a ser persona o algo parecido y entonces, me pondría a patear el monte, pero eso sí, sin irme muy lejos.

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Julia Uceda