DÍA 16 DE ARRESTO DOMICILIARIO (Tiempos de Pandemia)
Día 16 de éste arresto domiciliario:
No hay nada nuevo bajo el sol,
primero porque sigue nublado
y segundo porque las ideas se van quedando presas
y maniatadas por nudos invisibles,
no conocemos las consecuencias de tanto encierro,
bueno sí, las económicas nos las tememos,
las sociales son de suponer
y las individuales, no sé...
como dicen algunos...
depende de como te tomes todo éste asunto,
depende de si sabes o no enfrentarte a la soledad,
en definitiva, depende de tu puto equilibrio emocional
y yo me supongo que también depende de otros factores,
como si conservas o no tu trabajo,
como si te bajan el sueldo,
como si no te llaman a engrosar las filas del paro,
en fin, que no todo depende de uno,
y por ejemplo hoy,
día 16 de nuestro encierro,
si yo actuara en consecuencia,
debería dimitir...
levantaría mi bandera blanca interior,
me rendiría a la evidencia
y tendría que reconocer que soy un cobarde de mierda...
por dentro tengo miedo e incertidumbre,
no sé como saldré de ésta,
pero no es solo miedo a que yo enferme (que también)
es sobre todo a las condiciones sociales y económicas
que nos tocará vivir en tiempos post covid 19,
¿habrá pensiones?
¿habrá unos sueldos dignos?
¿no entraremos en la dictadura de los miedos?.
PODRÍAS. ANNE CARSON
Si no eres la persona libre que quieres ser, busca un lugar donde puedas contar la verdad sobre ello. Contar cómo te va con todo. La franqueza es como una madeja que se produce a diario en el vientre, tiene que desenrollarse en algún lado. Podrías susurrar de cara a un pozo. Podrías escribir una carta y mantenerla guardada en la gaveta. Podrías escribir una maldición en una cinta de plomo y enterrarla para que nadie la lea por mil años. No se trata de encontrar un lector, se trata de contar. Piensa en una persona de pie, sola en un cuarto. La casa está en silencio. La persona lee un pedazo de papel. No existe nada más. Todas sus venas se pasan al papel. Toma la pluma y escribe en él unos signos que nadie más va a ver, le confiere así como una plusvalía,
y todo lo remata con un gesto
tan privado y preciso como su propio nombre.
CARLIE HOFFMAN: ANTIGÉNESIS
Yo era joven, un mito, mientras masticaba
la manzana. Dormí en un hemisferio
de abrigos arrojados de las llamas.
Todas las ciudades arden, lo sé,
aunque no soy una mística.
Un país tiene tantas maneras
de traicionarte:
mis ancestros: huesos de cabra,
estrellas en el pulgar del carnicero.
Viven en el río lechoso
que fluye a través de la montaña
cargado con nuestros nombres.
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