Y AQUÍ ESTOY YO (Tiempos de Pandemia)
Y aquí estoy yo,
aquí estoy yo en una noche fría del mes de
marzo,
solo y poco acompañado,
(que no...mal acompañado)
alejado del mundanal ruído,
cercano al fuego de la chimenea,
somnoliento por el cambio de hora,
abrumado por la que se nos viene encima,
cansado de escuchar mentiras tras mentiras,
harto de los mensajes apocalípticos,
obsesionado con lo que pasará mañana,
preocupado por como quedará el mundo,
desilusionado con todo lo prometido,
por ratos, tímido y apocado
(cuando soy todo lo contrario),
pensativo y cabizbajo,
dolido y con dolor de estómago,
ardiente por dentro y con la sangre muy caliente,
por fuera, vestido de duda,
mirando al vecino de enfrente
y por no tengo otra cosa que mirar,
me puede el tedio y el aburrimiento,
la nostalgia invade mis terminaciones dendríticas,
y de lo más hondo de mi cerebro,
sacudo los recuerdos para que me llenen de oxígeno
y calmen mi ansiedad
y no...
y no me voy a suicidar,
el suicidio para mí
es una autopista desconocida,
ni sé su entrada ni conozco su salida,
del suicidio paso
como paso de la euforia gratuita
y de los días así y así de raros...
y en donde todo y nada importa.
¿Qué haces cuando te aburres?
¿Qué haces cuando te aburres?
no sé...
aburrirme y dejar pasar el tiempo.
O puede que me siente en el sofá
y me ponga una peli de miedo
una que me aterrorice el alma
y me suba los huevos al cuello.
O contemplar las llamas de mi estufa de leña
y quedarme congelado en ese estado de ensoñación.
O nada,
simplemente nada.
Porque vamos a ver...
¿porqué siempre hay que hacer algo?.
Yo a veces
quiero la nada y sentirme cero.
Yo quiero cerrar los ojos y dormitar
en ese limbo donde ya nada importa.
"Gallinas", del anarquista Rafael Barrett, Paraguay
"Mientras no poseí más que mi catre y mis libros, fui feliz. Ahora poseo nueve gallinas y un gallo, y mi alma está perturbada. La propiedad me ha hecho cruel.
Siempre que compraba una gallina la ataba dos días a un árbol, para imponerle mi domicilio, destruyendo en su memoria frágil el amor a su antigua residencia. Remendé el cerco de mi patio, con el fin de evitar la evasión de mis aves, y la invasión de zorros de cuatro y dos pies. Me aislé, fortifiqué la frontera, tracé una línea diabólica entre mi prójimo y yo. Dividí la humanidad en dos categorías; yo, dueño de mis gallinas, y los demás que podían quitármelas. Definí el delito. El mundo se llenó para mí de presuntos ladrones, y por primera vez lancé del otro lado del cerco una mirada hostil.
Mi gallo era demasiado joven. El gallo del vecino saltó el cerco y se puso a hacer la corte a mis gallinas y a amargar la existencia de mi gallo. Despedí a pedradas al intruso, pero saltaban el cerco y aovaron en la casa del vecino. Reclamé los huevos y mi vecino me aborreció. Desde entonces vi su cara sobre el cerco, su mirada inquisidora y hostil, idéntica a la mía. Sus pollos pasaban el cerco, y devoraban el maíz mojado que consagraba a los míos. Los pollos ajenos me parecieron criminales. Los perseguí, y cegado por la rabia maté a uno. El vecino atribuyó una importancia enorme al atentado. No quiso aceptar una indemnización pecuniaria. Retiró gravemente el cadáver de su pollo, y en lugar de comérselo, se lo mostró a sus amigos, con lo cual empezó a circular por el pueblo la leyenda de mi brutalidad imperialista. Tuve que reforzar el cerco, aumentar la vigilancia, elevar, en una palabra, mi presupuesto de guerra. El vecino dispone de un perro decidido a todo; yo pienso adquirir un revólver.
¿Dónde está mi vieja tranquilidad? Estoy envenenado por la desconfianza y por el odio. El espíritu del mal se ha apoderado de mí.
Antes era un hombre.
Ahora soy un propietario".
LA CASA (Inédito)
La casa
cerrada,
las fotos de los viajes,
los remedios contra las alergias,
la música que nunca sonó,
la luz afuera, del mediodía
de julio,
se queman por dentro como
un volcán insignificante.
Gloria Fuertes
"Muerte es que no nos miren los que amamos,
muerte es quedarse solo, mudo y quieto
y no poder gritar que sigues vivo".
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