Vivimos dentro de un circo mediático


 Vivimos dentro de un circo mediático

donde el rey de la selva, es el Trump

que además, es el dueño del circo

y que será la cadena de circos más grande del mundo

pues él todo lo quiere a lo grande

y ahora te contrato y hago negocios contigo

y ahora me cabreo e invado tu territorio

tiene un inmenso ejército de gorilas y monos tras él

y también tiene una selecta élite de monos engorilados

esos que atacan en la noche

y por ejemplo secuestran a un presidente de otro país

y no le hacen falta muchas razones para hacerlo

una es, que quiero tu petróleo

otra es, que me caes mal y no me pareces simpático

y la tercera puede ser, 

que él se ha inventado un bulo

que sólo él se lo cree,

pero como hay tanto imbécil desperdigado por el mundo

hay millones de seguidores

que se tomarán sus palabras como un acto de fé, 

y todo lo que les diga su gran jefe blanco

será la palabra de dios aquí en la Tierra.

Pensábamos que los nazis habían desaparecido del mapa

y mirar, como nos equivocábamos

Hitler ahora se llama Trump

las SS son su policía

unos encerraban judíos

y otros ahora, encierran inmigrantes

aunque su última intención es la misma

y es que todos desaparezcan de la faz de la tierra.

Pero lo peor de todo, ya no es siquiera eso

porque lo peor del todo

es que haya un estado judío sionista que se dedique

a la exterminación de los palestinos.













LA PANDEMIA EN MI PEQUEÑO PUEBLO (2.020)

Es de observar el vacío general de todo lo que
me rodea,
el aire frío de abril...se hace más frío sin nadie,
el tibio y tímido sol de ésta tarde se hace más triste
las nubes grises campan a sus anchas,
un perro camina pensativo sobre lo que podrá comer
quizás esté pensando...
¿qué le pasa a los humanos?,
¿porqué están encerrados en su casa a cal y canto?,
al mismo tiempo un hombre cambia de acera,
quizá busque un sitio figurado que permanezca abierto en su
cerebro,
un coche pasa despacio
y ronroneando como un gato,
mucho coche y pocas nueces (pienso yo),
es ruido de motor diesel
(ronco, grave y tosiendo lentamente)
y pasa con toda la pomposidad de un funeral,
como si el conductor fuera degustando el paisaje desértico
del fin del mundo,
pero señor...
¡váyase para casa!
y deje de expandir al virus asesino,
claro que a 50 metros de donde estoy
(aclaro, que estoy en mi casa),
hay cola en el super
y hay cola en la farmacia
y allí se presentan todos los adictos del pueblo,
en fila india y a dos metros de distancia,
pero el problema que hay
es que casi siempre son los mismos
y uno compra una zanahoria
y para hacerse la sopa del día
o una ensalada
y el otro, compra medio kilo de fruta
y así al día siguiente tienen asegurado tener que volver
y a por otra zanahoria
y a por otro medio kilo de fruta
y así todos los días
y ya que estamos
vamos a la farmacia
y así pido algo para el dolor de cabeza
y una crema para los hongos
que cuelgan como jamones de su sobaco
y de paso... me peso
y yo añadiría
y así me peso los huevos o los ovarios,
pues hay que tenerlos grandes e inmensos
y después quieren que yo me crea lo de la cuarentena,
cuando lo que había que hacer es...
usted no tiene justificación para estar en la calle,
pues a chirona y con cadenas desde los pies a la cabeza
y sino caben en chirona por overbooking
pues ¡a galeras a remar!.

No me alcéis por encima de nadie


 No me alcéis por encima de nadie

y porqué no y porque no me gusta

ni nunca me gustó.

Si yo a lo largo de mi vida

elegí ser clandestino

y dar un golpe para poder comer 

y volver a mi escondite

y enamorarme en silencio

y desenamorarme ante una nueva derrota

y sin alzar la voz

ni emitir un quejido

y sentirme un ser mudo envuelto en mi propio dolor

y resucitar de nuevo de mis cenizas

y eso lo hice tantas veces

que no recuerdo como lo hice en cada fecha

y mi única certeza

es que el silencio siempre estuvo conmigo

y en las buenas y en las malas

y en las que empezaron bien

y acabaron siendo terriblemente malas

pero insisto que todo esto 

se desenvolvió en el silencio más absoluto

aunque mis voces interiores

estaban desesperadas por salir de mi propia prisión

y susurraban y algunas alzaban su voz

y se entremezclaban

risas con palabras de amor

y gritos con suspiros de desesperación

y miedos con alucinaciones sensoriales

y todo eso se paseaba por mis pensamientos

y a veces sé que estuve al borde de la locura

y que en otras pensé...

que eran los demás los que estaban locos.













Hace casi un año que me he jubilado

 

Hace casi un año que me he jubilado

y como ha pasado el tiempo

el tiempo pasa a la velocidad del viento

y a veces, vuela más que el viento huracanado

y yo he intentado retenerlo, pararlo,

dar marcha atrás y para volver a empezar de nuevo

pero mis intentos han sido vanos.

¡Joder! casi un año ha pasado, casi ná...

Y pienso en ello

y ahora me doy cuenta

que ya llevaba cuatro años jubilado

que después de pasar la puta pandemia

me había rendido por dentro

aunque por fuera diera la cara

y es de suponer que gracias a mi experiencia laboral

pude aguantar mi papel como médico.

La Pandemia fue mi último esfuerzo como médico

y en consecuencia mi último logro profesional

y porque cuando al covid se le vió su final

yo me dije a mismo

has cumplido y nunca te rendiste

y por ello, te felicito.

Yo tenía donde escudarme

tenía motivos suficientes para no currar en esa época tan

 siniestra,

cuando empezó el Covid yo andaba sobre los 64 años

mis enfermedades debidas a mi vejez habían florecido

(antes no las padecía)

y esos eran legalmente motivos suficientes

para darme de baja todo el tiempo de pandemia

y lo pensé y lo pensé muchas veces

pero yo me dije a mi mismo

si cuando eres más necesario te vas a poner de baja

no sé...me ví como demasiado cobarde

y muy lejos de lo que en toda mi vida 

pretendí llegar a ser

y siempre quise ser 

un ser que ha muerto dignamente

y no viviendo como un cobarde

que por sus remordimientos es incapaz de dormir.
















¡YA ESTOY AQUÍ!


 No te pido que me escribas poemas que hablen de mí

o que hablen de nuestra historia

que ahora ya es parte del pasado

y eso lo pensé muchas veces y hasta me lo dije a mismo...

eres parte del pasado

pero días o meses más tarde volvías a aparecer

y te colabas por alguna rendija de mis sueños

y me despertaba con tu sabor en mi boca.

Y entonces yo pensaba

menuda noche me han regalado mis sueños 

nos acariciamos, nos besamos,

hicimos el amor repetidas veces

y con el primer rayo de sol en la cara

nos abrazábamos como si fuera nuestro último abrazo

y porque los dos sabíamos

que lo nuestro pertenecía a un sueño

y que nunca sabíamos si lo volveríamos a tener.

Nadie tiene el control de sus propios sueños

y por eso y de vez en cuando

te metías en mi cama

y me susurrabas al oído

¡ya estoy aquí!.

y a la mañana siguiente

de nuevo me despertaba con tu sabor en mi boca.















Debería tomarme las cosas de otra manera

Debería tomarme las cosas de otra manera,
con menos pasión ciega,
con la ira más controlada,
con menos dolor de muelas
y con más sabor a dopamina...,
Debería hacer todo con más sosiego,
con menos espasmo de víscera hueca,
con más calma de día aburrido donde nada se mueve ni nada te altera,
ampliando plazos para conseguir lo que quiero
y concediéndome créditos personales libres de intereses,
alargando coitos hasta el día siguiente o hasta el año que viene,
sin prisas, sin atropellar mis palabras,
todo hecho con tedio y como si la cosa no fuera conmigo, siempre disfrutando del momento,
siempre masticando ideas y sentimientos,
siempre engullendo muy despacio,
siempre saboreando los espacios y tiempos que me han concedido,
siempre estirando letras y prolongando frases y verbos.
No sé, por ejemplo....
hacer de un día una semana,
convertir una hora en 24 horas,
hacer de cada historia una historia interminable,
y que en cada minuto creciera un sueño,
y mi velocidad vital ideal sería...
60 sueños a la hora.
No sé,
tengo necesidad de producir palabras,
de escribir sobre tesoros escondidos que jamás fueron encontrados
y en Islas como en la que ahora vivo,
bonitas, hermosas,
pequeñas, diminutas, insignificantes,
perdidas en medio de un mar que nadie sabe como y donde fue creado,
islas risueñas, un poco enloquecidas,
despeinadas por los agitados vientos del norte,
melosas, cariñosas,
húmedas, tristes y orgullosas de su existencia,
contentas y a veces lluviosas,
de despertares espléndidos color naranja,
de ritmos sosegados y donde no importa el tiempo
ni como será el mañana,
islas de calma, de mar en calma
y de vez en cuando,
de mar cabreada, desatada y muy descontrolada...


















Tengo recuerdos como estacas clavadas en el centro de mis pupilas

 

Tengo recuerdos como estacas clavadas en el centro de mis pupilas,
tengo momentos que me envilecieron como ser humano
y me hicieron más cobarde todavía.
Tengo otros que me hicieron ser gigante
y me cargaron las pilas para otros combates,
....pero todo a su debido tiempo...
Ahora estoy dentro de una burbuja de aire,
y disfrutando de sus espectaculares vistas
y de como uno flota dentro de su atmósfera cero.
Ahora estoy en época neutra,
ni estoy vivo ni estoy muerto
estoy en el puto limbo donde nadie se pronuncia ante nada
ahí no lucho porque me siento harto y cansado de tanta lucha, de tanta escaramuza, de ver tanto muerto por el medio
no descanso porque en el limbo nadie duerme,
estoy entre dos aguas desbordadas por tantas sangre derramada,
en fin, estoy entre el dolor afligido y el dolor superado
a un paso del alivio
y otro paso del desequilibrio.
Ahora navego por mares quietos y sosegados,
Ahora el viento de tramontana se hizo brisa marina
que me acaricia la cara,
Ahora mi vida tiene sabor a mandarina,
mi vida, mis cuentos, mis dudas,
mis aciertos y mis desconciertos,
todos flotan por la suave mano del mar en calma,
dicen que es la quietud y lucidez que precede a la muerte
y si así fuera,
que venga la muerte montada en su caballo blanco
y que por fin, me lleve con ella.



















Irene Vallejo

El cuerpo es un símil de la realidad donde habita. Cuando a lo largo y ancho del mundo el confinamiento cerró las calles, empezamos a sufrir contracturas físicas y mentales. Somatizamos los duelos como dolores, y la ansiedad es una secuela cada vez más palpable de este paréntesis angosto e interminable. El miedo, las tensiones, el peso del trabajo y el poso de las soledades se traducen a un lenguaje de carne en nuestras piernas, estómagos, corazones y cabezas. Este malestar encajonado tiene raíces antiguas; “angustia” significaba en latín “desfiladero, lugar estrecho, abismo”. Lo mismo ocurre con la tensión que nos oprime: “estrés” procede de strictus, en el sentido de “estricto, apretado, estreñido”. La tristeza estrangula el aire, enmudece la voz. Hasta que, de pronto, como en un hechizo, ciertas palabras nos permiten abandonar el pasadizo helado y encontrar alivio.
Cuántas veces, tratando de levantar nuestro ánimo, hablamos con nosotros mismos para conjurar el miedo, igual que susurramos al niño temeroso de la oscuridad. Nos decimos que es preciso confiar, ser fuertes, no desistir. Esta capacidad para desdoblarnos en un yo sereno que trata de apaciguar al otro yo es una proeza sorprendente y antigua. Ya Homero contaba en la Odisea que, a veces, el llanto sacudía a Ulises, y entonces escondía la cara tras el manto, humedeciendo la tela en silencio. Al regresar a Ítaca, el navegante encontró su palacio ocupado por extraños y tuvo que mendigar en su propia ciudad. Derrotado, se dijo: “Corazón, sé paciente, en otras ocasiones sufriste reveses más duros, pero aguantaste”. Por primera vez en nuestra cultura, un humano habla no con sus semejantes o con los dioses, sino consigo mismo. El diálogo íntimo nació así, con una llamada a la calma y al sosiego.
Durante estos tiempos tormentosos, los duelos amputados han agudizado nuestro malestar. C. S. Lewis intuyó que el dolor por la muerte de un ser querido se expresa a menudo en el idioma de la angustia. Con más de 50 años, el devoto profesor de Oxford aceptó casarse con la poeta norteamericana Helen Joy Davidman —católica, divorciada y comunista—, que le pidió ayuda para evitar la expulsión del país cuando le denegaron el permiso de residencia. Por sorpresa, ese matrimonio de conveniencia en la madurez desembocó en un inesperado y hondo enamoramiento, que poco después truncaría el cáncer. Cuando ella murió, Lewis escribió en Una pena en observación: “Nadie me había dicho que la pena se viviese como miedo. La misma agitación en el estómago, la misma inquietud. No estoy asustado, pero la sensación es idéntica. Aguanto y trago saliva. Antes tantos caminos y ahora tantos callejones sin salida”. Lo conmovedor es que esas reflexiones anotadas en cuadernos, sus apuntes sobre la tristeza, se convirtieron en un libro que le ayudaría —como a tantas personas, todavía hoy— a escapar de la calle angosta, de la trinchera circular.
La ansiedad es una habitación estrecha. Luis Buñuel lo explicó en su película El ángel exterminador, donde unos amigos se reúnen a cenar en un lujoso salón y después, por una razón inexplicable, no consiguen atravesar el umbral para salir. Según el cineasta, habrían sido atacados por una plaga misteriosa e innombrable. Entre esas cuatro paredes se suceden la desesperación y el humor surrealista: una comedia trágica sobre la asfixia y el desasosiego. Cuando el túnel nos aprisiona, la risa ensancha los pulmones con aire fresco. Conversando con exiliados españoles en México, el director señaló la clave: “Los hombres cada vez se ponen menos de acuerdo y por eso se combaten entre ellos. Pero ¿por qué no se entienden? En la película es lo mismo, ¿por qué no llegan juntos a una solución?”. Según Buñuel, debería asombrarnos no que los personajes sean incapaces de salir, sino que no intenten colaborar. Hoy, más que nunca, hay que observar las penas, hablar con el corazón, reír en el desfiladero y atreverse a buscar ayuda. Hace falta coraje para dar rienda suelta a las palabras enjauladas. No siempre comprendemos cuánta fortaleza se necesita para vivir en la fragilidad.

DOS TIPOS DE LUZ

 "Hay dos tipos de luz: la luz que te ilumina y la luz que vas dejando tras de tí".