NUEVO MUNDO. Louise Glück


A mi modo de ver,
mi madre estuvo siempre oprimida
por mi padre, como si él
hubiera atado con plomo sus tobillos.
Optimista
por naturaleza;
quería viajar,
ir al teatro, a los museos.
Lo que él quería
era tirarse en el sillón
con el Times
tapándole la cara
para que la muerte, al venir,
no pareciese un cambio significativo.
En parejas así
donde el acuerdo consiste
en hacer cosas juntos,
siempre la parte activa
es la que hace concesiones, la que da.
No se puede visitar museos
con alguien que se niega
a abrir los ojos.
Creí que la muerte de mi padre
liberaría a mi madre.
Y en cierto sentido, así fue:
ella viaja, contempla
grandes obras de arte. Pero flotando.
Como el globo de un niño
que se pierde en cuanto nadie
lo sujeta.
O como un astronauta
que ha perdido su nave
y queda en el espacio, a la deriva,
sabiendo que, dure lo que dure,
el resto de su vida será así: libre,
de ese modo.
Sin relación con la tierra.

















Karmelo Iribarren


 

EL OLOR A INCIENSO


Y mira que en el día de hoy (en el día de hoy de hace unos cuantos años), debía un día dedicado a las procesiones y porque ahora me llega el olor a incienso y eso me pone y me pone como una moto. Me entran ganas de vestirme de capirucho y de hacerme una larga toga con la colcha de mi cama o con la misma cortina. Y es que el olor a incienso, es como la llamada de la selva y me siento como Tarzán fuera de la selva y en busca de su mona Chita. Y yo tengo muchos recuerdos de la Semana Santa en mi Vigo del alma... y todos son malos y horribles y todos son profundamente oscuros y siniestros...y me acuerdo que llovía siempre y que las calles reflejaban las luces de las farolas y como salidos de una profunda boca, salían las Procesiones y con un gran santo o santa presidiendo la procesión y detrás, las putas autoridades y detrás, mogollones de capiruchos y aún más detrás, iban los más colgados: los que andaban de rodillas, los que se daban de latigazos, los lisiados que rogaban un milagro...para volver a andar o por lo menos para se pudieran mantener en pie.
A mi siempre me pareció el desfile de la muerte y porque todo olía a muerte e incienso y a ese maldito incienso que lo inundaba todo...y ese olor aún me llega ahora. Y me acuerdo de aquellas tardes de Semana Santa y como si fuera ahora y en donde se cerraba todo a cal y canto y ni cine y ni salón de juegos y ni siquiera una cafetería y porque en teoría a la procesión teníamos que ir todos y sino íbamos, pagábamos nuestra penitencia de pecadores con el aburrimiento...y claro y que remedio, y venga a dar vueltas por las calles y sin rumbo fijo y aunque intentabas huír de llas, tarde o temprano te ibas a encontrar con una de ellas y entonces te tocaba ver una procesión y porque su recorrida era por las principales calles de la ciudad y te dabas de bruces con ese gentío vestido de luto, gente siniestra y bastante penosa, pero gente al fin y al cabo.
Mis 12 a 14 años y que Semanas Santas más jodidas, bueno y así fue, hasta que descubrí que no estaba prohibido ir de acampada y porque desde ese momento se me abrieron los cielos y se cerraron los infiernos y cuando llegaba Semana Santa yo estaba de acampada y si me preguntaban mis padres ¿porque me iba?, decía que era porque necesitaba meditar en las oscuras sombras de los pinares y muy cerca del mar...y porque en el fondo a ellos les daba igual y si así, me quitaban del medio 5 o 7 días, mejor para ellos. Tampoco eran mucho de procesiones, eran y no eran o sea cara afuera, eran y cara adentro, no lo eran...pero creo que en éste aspecto les fue muy bien con el eran y el no eran. Yo no, yo pronto aprendí que mis mejores procesiones eran de noche y alrededor de una preciosa hoguera y el dejarme llevar por mis pensamientos, que supongo que serían como los que tengo ahora, sólo que de aquellas carecía de un intérprete que me ayudara a pasar mis pensamientos a palabras.

















Nunca fuí de quedarme anclado en el pasado


 Nunca fuí de quedarme anclado en el pasado

pero aunque lo intenté con todas mis fuerzas

el pasado siempre vuelve a mí

a veces me trae buenas noticias

y en cambio en otras me destroza.

Y a mí no me gusta volver a revolcarme en el barro

de una pocilga

y porque si de aquellas

no fuí valiente y me refugié en mi propia cobardía

¿que puedo hacer hoy en día para que actuara de otra forma?.

Pues nada o casi nada

y puedo reconocer que estuve equivocado

que debí llevar la verdad por delante

y haber sido todo lo honrado y sincero que uno podía ser.

Pero de aquellas no lo fuí

y la mentira tiene sus propias consecuencias

y más tarde y pasados unos meses o años

la verdad se presenta ante tí y te dice

¡no me jodas que aún no sé lo has dicho!

y tú no sabes donde meterte

y balbuceas disculpas

que si no hubo el momento propicio

que si no quisiste hacerle daño

que...que...que...

que si eres un monte de mierda cobarde

que si prefieres ir por la vida dando el pego

que cuando le digas, ¡yo te quiero de verdad!

¿quién te va a creer?

y porque partimos de un punto falso 

que fue creciendo dentro de mi conciencia

y ese es...

que el que miente una vez

mentirá millones de veces más.
















UN SUSURRO

La única llamada que últimamente he tenido, es un susurro casi inaudible que me decía: ¿te acuerdas de mí? y yo...y yo le tuve que dec...