A MI EDAD


A mi edad
donde todo se ve y nada se entiende
ya no tiemblo de miedo.
En realidad
no tiemblo casi de nada.
Ahora
solo tiemblo conforme se resquebraja mi estructura interna
o ese andamio que sustenta mi viejo cuerpo
y si tiembla mi andamio interno
temblará todo mi edificio:
temblarán mis carnes, mis nervios,
mis huesos, mis músculos
y hasta mi corazón latirá arrítmico
y acabará danzando como un loco
bajo la intensa lluvia que llevo dentro.
En realidad por dentro
soy un aguacero incontenible
que pocas veces
se encuentra contento.

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