Son las dos de la mañana
de un día de primavera
de su inicio y porque la noche aún es fría y húmeda
y el sol, salvo al mediodía, es tibio y suave
y después de dos semanas de vendavales y temporales
estamos entrando en fase de calma
y por eso mis pensamientos están calmados
mientras mis sentimientos siguen revueltos
¡qué difícil es calmar a los sentimientos!.
Ayer por la noche y mientras dormía
me visitaron los mejores recuerdos que tenía de tí
no se presentaron, porque ya nos conocíamos
y donde hay confianza se puede entrar sin permiso,
nos sentamos alrededor de una mesa
y proyetamos sobre la pared de enfrente
nuestras viejas fotografías:
tú y tu risa encantadora
tú y tus grandes ojos color miel
brillantes y siempre llenos de fuego
siempre con esa chispa que encendía mi vida
y como se podría expresar la forma en que me mirabas
me comías con tu mirar
me esculpías con tus manos de seda
me elevabas del suelo y yo flotaba
me acariciabas en silencio y yo flotaba más.
Y yo entonces te quería tanto
y éramos tan verdes e inocentes
que yo no sabía que aquello
era un amor joven y verdadero.
Después y por cuestión de estudios
nos tuvimos que separar durante un tiempo
y un día de fin de semana, creo que era sábado,
te fuí a visitar y a estar contigo dos días
y al principio te ví rara y extraña
pero pensé que sería la distancia
la que me hacía ver así las cosas
pero al pasar una cuantas horas más
mi inquietud iba en aumento
y porque no te veía tan enamorada como lo estabas antes
y te sentía nerviosa e inquieta y a demasiada distancia
y hasta que llegó un momento
donde la sinceridad te explotó por dentro
y entonces me dijiste
que estabas con otro tío
y yo me quedé congelado en aquél momento
y no hubo reproches ni malas palabras
y sólo hubo un dolor insondable que no tenía nombre.
A la mañana siguiente me levanté temprano
y mi viaje de vuelta
fue una eterna sucesión de fotografías
de cuando te conocí
de cuando nos besamos por primera vez
de como nos reíamos juntos
de como soñábamos con ser de otros mundos
de como paseábamos de la mano por la arena mojada
de como nos decíamos
¡el futuro será nuestro!.
Y cuando el tren se paraba en cada estación
la realidad volvía conmigo
y de cada vez, sentía que la bofetada era más fuerte
y a pocos kilómetros de Vigo
empecé a sollozar como un niño pequeño.
Y lloré hasta el infinito
y hasta que me atrapó un pensamiento y me dije
¡esto nunca más me va a pasar!.
Y ahí me equivoqué de nuevo
y porque me pasó otras veces.
Pero que sería del amor
si uno no se equivocara.

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