DEBÍ CALLARME...

 


Debí callarme cuando te miraba,

mirarte en la quietud del silencio

entenderte y comprenderte en silencio,

ser mudo e inexpresivo,

y ante tanta belleza

hacerme estatua de sal.

Y es que al final,

¿cuántas palabras y saliva

me hubiera ahorrado?

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