Que pena de día,
que pena de noche,
que pena de días sin noche,
mientras ellos,
cantan con alfileres en sus cuerdas vocales,
y por su afonía de cadencia pesada y repetitiva,
mientras nosotros,
nos asustamos con los Duendes que saltan
y que beben en el cuenco de nuestros dedos,
como si estuvieran dócilmente enseñados
y dulcificados con aromas de aguas revoltosas,
y mira un Duende y mira dos Duendes...
y aire y siente el viento en tu Frente
y nota la caricia de la Espuma blanca e inocente,
porque todo salta y se mueve,
se mueve el mar, se mueve la Tierra,
se mueven las olas y las órbitas solares,
y hasta se mueve el inmenso poder de los sueños.
que pena de noche,
que pena de días sin noche,
mientras ellos,
cantan con alfileres en sus cuerdas vocales,
y por su afonía de cadencia pesada y repetitiva,
mientras nosotros,
nos asustamos con los Duendes que saltan
y que beben en el cuenco de nuestros dedos,
como si estuvieran dócilmente enseñados
y dulcificados con aromas de aguas revoltosas,
y mira un Duende y mira dos Duendes...
y aire y siente el viento en tu Frente
y nota la caricia de la Espuma blanca e inocente,
porque todo salta y se mueve,
se mueve el mar, se mueve la Tierra,
se mueven las olas y las órbitas solares,
y hasta se mueve el inmenso poder de los sueños.
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