Hacía mucho tiempo que no le veía (había tenido esa suerte), hasta que dios me castigó con su presencia. Yo pensaba que a lo mejor había cambiado un poquito, no mucho, pues en los milagros no creo, y me equivoqué totalmente, como me pasa demasiadas veces, pues era el mismo cretino, pero elevado al cuadrado. Nada más verle, ya no tuve tiempo de pensar en nada, pues me cayó una avalancha de adjetivos superlativos y que versaban sobre él, claro. El más magnífico de todos, el sabioncillo pretencioso, el pavo real luciendo sus plumas y es curioso esto que digo, porque el tío anda a dos velas, como yo, pero no se le caen los anillos o sea no aterriza en la realidad y por fin, toca tierra. No señor, el tío anda en su nube de sabelotodo y es una puta máquina de la geopolítica y da conferencias por todo el mundo y lo llaman de todos lados y se pelean por él y lo buscan y lo persiguen y lo aclaman, bueno todo esto, lo dice él.
Es como si el tío me dijera, que no sale en los telediarios ni en los periódicos más importantes del mundo, porque él no quiere, aún encima eso, echándose flores y más flores y acaba presumiendo de su sencillez. Y una mierda para él, el tío es un plasta, un marisabidillo, un pretencioso y un puto farsante y yo ya no estoy para esto, para aguantar a éste tipo de fariseos o de fantasmas integrales. Por tanto y no sabéis como me alegro, el tío me lo puso en bandeja, para así mandarlo directamente a la mierda. Y que gusto me he dado, ¡tenía tantas ganas acumuladas!, que siento que me he vaciado. Aparte de la sensación que da el saber que nunca más tendré que volver a aguantar a semejante elemento, ni a verlo, ni a mirarlo y sobre todo, a no volver a escucharlo. Al final es verdad eso que se dice, todo se paga y ya sea al final y ya sea al principio.
Pues claro que el tío se fue de aquí con un traje hecho a su medida. Yo mismo le cogí las medidas y le hice el corte y confección y hasta se lo coloqué. Por lo menos se llevó un traje nuevo, un traje con capa y sombrero y hecho con mis propias manos y sobre todo con mis "dulces" palabras. Y que no las olvide, ahora ni nunca y tampoco se olvide que de esta Isla está desterrado y si se atreve a venir que se atenga a lo que le pueda pasar. Para mí, cortarle el cuello es poco y me quedo muy corto. Ya sabes lo que hay muchacho...si te vuelvo a ver, simplemente, te empalo.

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