No sé a vosotros, pero a mí me pueden las ganas de querer. Y no por ello voy rozando las esquinas de la vida, ni voy abrazando árboles tiernos, ni repartiendo abrazos y besos a todo hijo de vecino, ni me metí a jipi descarriado, ni estoy metido en una secta satánica en la que solo se da por culo, ni soy gilipollas de nacimiento, ni soy un progre con una trenca mugrienta, ni fumo la pipa de la paz con el indio de mi barrio, ni me escondo cuando digo y pienso, que me muero por mis ganas de querer. Duele el querer tanto y duele más cuando a tu alrededor solo se quiere a veces y para eso poniendo peros y un buen montón de obstáculos. Y nadie se merece mi querer si esa persona vive amurallada en su propio caparazón. Yo puedo querer y a veces me responden queriéndome y otras veces, me rechazan y porque la vida es así y no se trata de que porque tú quieras a alguien, esa persona te tiene que querer. No señor. Somos dos y cada uno puede tener su gusto y su propia alternativa y por eso no siempre tienen que ser coincidentes.
Yo puedo quererte con toda mi alma y tú en cambio prefieres seguir libre y dichosa. Y entonces ¿qué es lo peor que puede pasar?...pues que te digan que sí, cuando tenía que ser que no y porque entonces ese amor nacerá capado y uno pensará que ella es el amor de su vida y ella pensará al mismo tiempo, que no está tan mal ese rollo como entretenimiento. Por lo que esto que estoy diciendo es casi un imposible y porque tienen que coincidir las dos partes y eso ocurre muy pocas veces en la vida. Yo soy de lanzarme sin paracaídas y ya veremos donde coño caigo, pero eso tiene un peligro demasiado claro, que a lo mejor la otra persona no quiere lanzarse sin paracaídas y entonces nunca estaremos al mismo nivel.
Yo quiero y quiero que me quieran y que lo invertido en sentimientos quiero que se multiplique por mil o por cien mil. Pero como no somos valores en bolsa, lo invertido por mí no siempre me depara beneficios. Ahora bien, si puedo enterarme de lo que siente la otra persona y antes de que me lance sin paracaídas, sería de agradecer, pues me ahorraría ese desagradable viaje. Pero claro, pocas personas son tan valientes y tan claras y además, como yo no lo fuí algunas veces, no puedo pedir a los demás que lo hagan por mí. A veces, he sido yo el cobarde que me dejaba llevar por los acontecimientos y a sabiendas de que iba a producir un inmenso daño en la otra persona, pero me pasaba eso, que me dejaba llevar y ya veremos más adelante el como salgo de estas.

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