Ni que decir tiene que después del día de hoy, tendré que hacer como Dios, o sea tendré que dedicarme un día de descanso y que Dios le llamo Domingo y que yo, no sé como llamarle, porque en mi calendario no tengo nombres de días, sólo mantengo las fechas de números y por eso de no perderme más de lo que estoy perdido. Por algo tengo que guiarme, porque antes me guiaba por el movimiento de los Planetas y Estrellas, pero desde que surgió el calentamiento global, el cielo se tiñe de nubes más negras.
La polución es la hostia. La polución es una mierda que se adhiere a la piel y a los pulmones. Y pensar que yo a veces la hecho de menos, que me entra mono de tubos de escape, de ruidos infernales y de muchedumbres apapostiadas y yo me veo chupando tubos de escape y echando su humo y tal como si fuera un cigarrillo. Después dicen que los humanos no somos animales de costumbres y yo que estaba acostumbrado a ponerme todo ciego de humo contaminante, pues mira que me pasa, que el cuerpo me pide caña contaminada.
Bueno, pasa como al revés, como cuando vivía entre altos edificios y humos negros y entonces, echaba de menos los campos verdes y el olor de los pinos. Sí, es que aquí en Menorca vivimos en plan semisalvaje, rodeados de mar por todas partes y la Isla está llena de hermosos bosques mediterráneos y tanta riqueza selvática me gusta, pero a veces me satura. Vamos, que yo la disfruto y a tope, pero en el pasar de los lentos meses de invierno se me pone la piel de gallina y todo, porque mi cuerpo me pide droga o polución.
La polución es la hostia. La polución es una mierda que se adhiere a la piel y a los pulmones. Y pensar que yo a veces la hecho de menos, que me entra mono de tubos de escape, de ruidos infernales y de muchedumbres apapostiadas y yo me veo chupando tubos de escape y echando su humo y tal como si fuera un cigarrillo. Después dicen que los humanos no somos animales de costumbres y yo que estaba acostumbrado a ponerme todo ciego de humo contaminante, pues mira que me pasa, que el cuerpo me pide caña contaminada.
Bueno, pasa como al revés, como cuando vivía entre altos edificios y humos negros y entonces, echaba de menos los campos verdes y el olor de los pinos. Sí, es que aquí en Menorca vivimos en plan semisalvaje, rodeados de mar por todas partes y la Isla está llena de hermosos bosques mediterráneos y tanta riqueza selvática me gusta, pero a veces me satura. Vamos, que yo la disfruto y a tope, pero en el pasar de los lentos meses de invierno se me pone la piel de gallina y todo, porque mi cuerpo me pide droga o polución.

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