UNA NOCHE DE JULIO

 

Vivir mediterráneamente y en el medio del mar y comprar algunos de mis muebles en Ikea, ¿¡que más se puede pedir!?. Pues ya pasé la tortura del Ikea y la verdad es que no fue para tanto, ni tampoco se me fueron los ojos detrás de nada que no necesitara y eso que es difícil no caer en la tentación de comprarte un envoltorio que después no te servirá para nada. De todas formas, falta lo más doloroso, que será montarlos, pero como vivo en donde vivo, tardarán una semana en llegar los muebles. Mientras tanto, yo sobrevivo como puedo y en ésta noche plácida me acompaño de mis escritos y de una música de fondo, vamos para entretener la velada y que se haga más agradable.
No sé, pero estoy dudando entre suicidarme directamente o maltratarme hasta mi muerte, pues pienso que no se puede vivir tan plácidamente, y no hay derecho que un tío como yo, pueda vivir de ésta manera y por eso le pido a dios que me castigue. Claro que en éstos tiempos que vivimos, decir esto demasiado alto, puede sonar mal y sino lo grito a los cuatro vientos, es por respeto a los que sufren las consecuencias de esta puta crisis o sea a los desahuciados, muertos de hambre y parados y alguno más que se me olvida en éste momento. Entonces, lo digo bien alto por lo bajines, asi en petit comité, entre amigos... yo me encuentro tan a gusto que me voy a correr de un momento a otro.
Estas noches de verano fresco son impagables, el ambiente, las risas, las voces, la gente, el agua como un plato y yo aquí tan tranquilo, disfrutando del momento y saboreando éste placer de los dioses. Puede sonar a exageración, puede, pero no lo es, es lo que siento en éste instante. Eso no quiere decir que no tenga mis momentos malos, los tengo claro, porque si no sería un gilipollas papahostias atontado y puedo ser de todo, menos eso.

 




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