No puedo recordar lo que ayer ocurrió,
ayer antes de hoy,
ayer antes de ésta pandemia tan asesina,
ayer cuando salía el sol de otra manera,
y cuando podía acariciar el verde de la hierba
sin miedo a que me mordiera un bicho agresivo,
o eso me supongo que haría,
que tocaría lo que podía acariciar libremente,
pues soy dado a la curiosidad y a la sana e insana
y me gusta ver lo que hay debajo de las alfombras
y detrás de las cortinas
y hasta en el fondo de los armarios.
La curiosidad corre por mis venas,
y por eso me hago mil preguntas en el día a día
como he nacido y crecido y como he llegado hasta aquí
porque nunca nadie resolvió mis dudas,
he dado, he compartido,
he sido solidario
he soñado dormido y despierto,
he querido hasta el dolor
me han querido con la misma intensidad o más,
he virado a estribor y a babor,
a veces me he escorado como un barco varado en dique seco,
otras veces, he sido un submarino en las cloacas del mal
y quién diga
que siempre ha vivido en el lado positivo de la vida,
me temo
¡que está mintiendo!.
No hay luna sin sol,
no hay lluvia sin sequía,
no hay noches sin día,
no hay recuerdos del ayer
sin que salga aquél atardecer,
del ayer me queda el querer,
o me queda esa forma tan extraña
que cuando miro a la luna,
se me erizan los pelos y se me abren las venas,
y supongo que sin saberlo,
será otra forma de recordar
que te amé con el corazón en la mano
y con la sangre caliente.


