Una de mis penas más gordas es haber sido tan lerdo con los idiomas. Corto es poco decir y demasiado corto ya se va acercando a mi definición sobre mi actitud hacia los idiomas. Y no hay ni un asomo de desprecio en esto que estoy diciendo, quiero decir que todos los idiomas me valen lo mismo o me valen por igual. A lo mejor es que empecé mal con éste tema de los idiomas y salvo el castellano que era el que se hablaba en mi casa clasista y éramos familia de clase media queriendo ser más y a criterio de mis padres, para llegar a ser más había que hablar en castellano y porque hablar en nuestro idioma original o sea en gallego, era de paletos sin pretensiones. El gallego era para la clase pobre. Yo aprendí hablar en gallego cuando ya era un chaval con pelos en los huevos. En el cole tuve un profesor de francés (un curita) que no tenía ni puta idea de francés y que todo el tiempo de clase nos hacía leer en francés. Ni gramática ni hostias benditas, ni escribir en francés, ni verbos ni adverbios y solo leer y leer. Por tanto, de francés me quedé bajo mínimos. Y por eso muchos años después dejé de decir que había estudiado francés y porque mi nivel es tan penoso que hasta me daba vergüenza decir que lo había estudiado de niño.
Más tarde en el instituto tuve otro profesor de francés de aupa. Éste se las daba de saber demasiado (de listillo) y en realidad era catedrático de francés en el bachillerato y tanto se creía él que sabía tanto, que en plena clase se iba por los cerros de Úbeda y acababa hablando de cualquier tema que no fuera dar clase de francés. Era un tío demasiado raro y extraño y se las daba de ser más listo que ninguno y se le notaba ese exceso de prepotencia y porque te hablaba con ese tono de desprecio que solo usan los que se consideran pavos reales. En clase cuando te llamaba para interrogarte (no para preguntarte) delante del resto de la clase, uno temblaba desde los pies a la cabeza y porque sencillamente te iba a machacar delante del resto de la clase. Era agresivo, faltón y despreciativo y todas sus preguntas llevaban una buena carga de veneno y cuando fallabas en alguna, el tío te ridiculizaba de tal manera delante de toda la clase, que hubo algunos que hasta se echaban a llorar y mientras los demás imbéciles (que no todos y menos mal) se reían a carcajadas de como te hacía quedar en ridículo. Además si fallabas te hacía pasar a la última fila de la clase y porque su sistema era tan clasista que daba asco. Primero iban los listillos de turno (los de las mejores notas), después iban los de la puta medianía y por último, iban los burros. Y así y tal cual lo decía. Era un tío tan oscuro que daba terror y miedo. Y tenía otro punto raro, pues el se declaraba comunista y estábamos en tiempos de la dictadura y por un lado tenía su grado de valentía, pero por el otro, era todo un desprestigio para los que se consideraban comunistas y porque era un dictador clasista de clase A.
Y ya no me acuerdo ni como ni porqué fue nombrado director del Instituto y ahí es cuando se lució del todo. Y aquello empezó a funcionar como una prisión de máxima seguridad. Castigos y más castigos y broncas y más broncas pasadas de tono y cargadas de insultos despectivos, y amenazas de expulsión por cualquier cosa. El tío estaba totalmente encabronado y en el trono de su pequeño reinado se volvió loco del todo.Y bueno y ahí, algunos nos fuímos espabilando un poco y empezamos a organizarnos para derrocar a semejante sátrapa. Pedimos su dimisión por las buenas y unas cuantas veces y ni puto caso nos hicieron. Hicimos huelgas, manifestaciones, pintadas, carteles y demás mandanga, para derrocar al muñeco y de nuevo nada. Y entonces quemamos nuestro último cartucho y nos pusimos a dar vueltas a cual sería su punto más débil y así un día y hablando tranquilamente entre nosotros, alguien mencionó que el menda vivía a menos de 100 metros del Instituto y siempre venía en su coche y que lo cuidaba como oro en paño. Su coche, su punto más débil. Tenía un precioso Volkswagen "escarabajo" que no tenía ni una mota de polvo ni por fuera ni por dentro y que brillaba como un diamante recién pulido y que lo trataba como si fuera su único hijo. Y a veces lo dejaba aparcado en el parking del Instituto (2 veces a la semana y porque en él todo estaba medido y en sus costumbres el tío nunca fallaba) y uno de esos dos días en que dejaba el coche en el Instituto, pues no sé muy bien lo que pasó, pero el coche se puso a arder y se quemó completamente y solo quedo en pie su esqueleto. Y ahí sí le dimos y entonces cuando vió su cochecito del alma envuelto en llamas, le entró la pena y se puso de baja por depresión. La depresión le duró unos meses, pero a su vuelta había decidido que por fin, iba a dimitir. Y así hizo y hasta sus clases dejaron de ser lo que eran y ya no era tan graciosillo como antes, ni te ridiculizaba tanto y sin darse cuenta y sin ser consciente de ello, había pasado al gremio de la medianía. De repente se hizo clandestino y poco o nada supimos de él. En fin, un nazi menos que desapareció del mapa.
Y volviendo al principio y con éste señor de tan alto abolengo, aprendí un poco pero tampoco mucho francés. Al final hizo lo que nunca había hecho, nos aprobó a todos. Y eso tampoco me favoreció mucho. Pero coño aprobé y para aprender francés tenía toda la vida por delante y cosa que no ocurrió. Ni francés, ni ingles, ni catalán y solo sobreviví con el castellano de cuna y el gallego da miña terra nai.

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