La lección del día es la siguiente:
no te escondas tanto
a no ser que seas feliz dentro de tu escondite.
Y creo que yo, lo soy
que soy feliz dentro de mi escondite
y por eso me escondo en mi cueva y a cal y canto
porque me sale del alma y porque me sale del cuerpo
y busco sombras que me abriguen con la ternura de sus dedos
y rincones que me den visión de esquina y de tangente
y me tengo que sentar y porque me canso de pensar tanto
y cuando escribo algo mágico
no sé si me excito tanto como para decir que me vuelvo loco
o simplemente que estoy alucinando.
Antes, cuando era una persona normal
necesitaba tener todo tipo de estímulos
tenía que ver el mar, salir a pasear por su orilla,
buscar setas en los bosques
hacer nuevos senderos y caminos
ver el cielo,
sentir la luna,
contar estrellas fugaces
y para finalizar de nuevo ante el mar
y como si le fuera a contar todo lo que había visto y sentido
y cuando llegaba ese momento
le hablaba en silencio
es decir, no le decía nada
y porque dada la inmensidad del mar
yo me hacía más pequeño y diminuto
y a su lado me sentía un ser tan insignificante
que al final, no le contaba nada.
¿como un ser tan insignificante
se iba atrever a molestar a semejante gigante?
Y yo de aquellas pensaba
cuando escriba, lo contaré todo.
Y ahora, que ya escribo
lo que cuento es una parte insignificante
de todo lo que he sentido.

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