A VECES UNO...


 A veces uno se desvanece y desaparece entre la bruma

y lo hace sin despedirse de nadie

simplemente ha estado

y ahora, se ha ido.

Otras veces uno se hace gigante

y se siente amable y poderoso

convencido de lo que dice y hace

y no tiembla, ni duda y ni siquiera llora

y los demás, 

te escuchan convencidos de que están ante un líder

sabes de todo

tienes la solución para las peores situaciones

conoces los entresijos y las personas que mueven los hilos del

poder

diriges, mandas

y por supuesto, ordenas

y porque al fin y al cabo

los demás son parte de tu rebaño.

Algunas otras veces

uno se hace transparente e invisible

y nadie te mira, ni nadie te escucha

ni nadie quiere saber de lo que le hablas

pasas entre le gente

y te hacen un traje lleno de desprecios.

Y ¡pobre tío! y éste ¿qué hace aquí?

tendría que estar con los suyos

Y ahí y en ese justo momento 

te han convertido

en un don nadie 

o en un objeto inanimado

no eres, no estás

y además, has dejado de ser atractivo

(si es que lo fuíste algún día)

y a precio de mercado

tu valor es cero.

Otras veces te vistes de persona normal

y hablas y escuchas

pero lo haces moderadamente

y tampoco te mojas demasiado con tus opiniones

y politícamente no serás de izquierdas ni de derechas

y  te declararás de centro

y formarás parte de esa masa amorfa

que se considera neutral

y que a la hora de votar

su derecha es la que manda.















LA CANCIÓN TRISTE DE HILL STREET

Hay canciones que te levantan el ánimo
y lo montan en un cohete del espacio sideral
y atraviesas el universo de lado a lado
y después, no hay quién te baje,
claro que hay otras,
que te meten el ánimo en un horno de fundición
y de ahí sale el ánimo en porciones y todas con el misma
frase...
me llamo Bruno, vengo de Marte y estoy deprimido,
y deprimido es lo mínimo que puede pasar viniendo de Marte,
porque como contaros que en éste globo terráqueo,
hay mucho tocado del coco,
y su nivel basal de ánimo
es el desánimo más absoluto
y como decía aquella serie de televisión que se llamaba
"la canción triste de Hill Street",
que después no era tan triste,
pero tenía su toque para bajarte el ánimo
y veías a unos pasmas en plan deprimente
que siempre habían sido hombres valerosos
y nunca temerosos de la cólera de dios,
que sí, que alguno tenía algún que otro vicio,
pero si entraban en acción
eran guerreros fornidos, rápidos y poderosos
eran perfectos armarios empotrados
pero tan veloces como sus propias balas,
y en tal caso alguno que otro (perdón por la repetición)
tenía dos o tres divorcios en su cuenta vital
o le daba a la priva fuera y dentro de su horario laboral
o se esnifaba kilos y más kilos de fariña requisada,
pero eso eran cosas de poca monta (minudencias)
para todo un defensor de la ley,
además, ante todo eran entregados a la causa
y su trabajo policial estaba por encima de todo,
por eso siempre nos quisieron vender la moto
de que casarse con un pasma es una tarea muy compleja,
que tener hijos con un pasma es demasiado complicado,
y por una regla de tres muy fácil,
el pasma prefiere matar al malo
que cambiarle los pañales a su hijo
ahora bien,
estos mismos pasmas a la hora de resolver un caso,
allí estaban los primeros
pistola en mano
y eran como putos sabuesos buscando pistas,
apenas dormían una hora,
llevando el trabajo a casa
y de su casa al trabajo
y día tras día.
Se nutrían de comida basura
y cualquier despacho cutre de aquella comisaría
y para culminar ese sacrificado día
y justo antes de irse a dormir
se engullían un par de wiskis a palo seco
(sin hielo, que lo del hielo es una mariconada)
y en dos pelotazos seguidos
y alguno de ellos se venía arriba
y se zampaba la botella entera.
Pero como eran pasmas de otro nivel,
nunca tendrían resaca,
la ley tiene su orden
y en ese orden no está escrito
que los pasmas puedan tener una resaca,
eso era para gente de a pie,
o para los pringados como tú y como yo,
en realidad el tema es así,
nosotros a sus ojos,
somos unos pringados de mierda
que no sabemos ni cumplir la ley,
y en cambio ellos, los pasmas auténticos
se ven a si mismos
como si fueran nuestros auténticos héroes
y habría que hacerles un homenaje en condiciones
y de música de fondo que sonara
"La canción triste de Hill Street".















Leonard Cohen. "La energía de los esclavos"


 Me gustaría leer
uno de los poemas
que me arrastraron a la poesía.
no recuerdo ni una sola línea,
ni siquiera sé dónde buscar.
lo mismo
me ha pasado con el dinero,
las mujeres y las charlas a última hora de la tarde.
dónde están los poemas
que me alejaron
de todo lo que amaba
para llegar a donde estoy
desnudo con la idea de encontrarte.


MI ALMA...

                                                           De mí...no esperar mucho más no mucho más de lo que hast...