Ahora que vivo dentro de mi propio globo
tengo la obligación de comprender
que lo obsesivo es veneno para mí
que los recuerdos se cogen o se esconden detrás de lo que sea,
pero que jamás podrán ser olvidados
y que detrás de mi memoria
hay un campo minado.
A veces recuerdo algo
y exploto
y en otras
me emociono como un niño incomprendido.
Pero en realidad
soy un viejo que de cada vez
recuerda menos.

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