El hecho de estar habitados por la nostalgia
demuestra
que el poso que han dejado los sentimientos
son nuestra fuerza motriz
para volver atrás.
Casi siempre volvemos al sitio donde nacimos
y donde algunos fuímos felices
y aunque fuera a ratos o a meses o a años.
Allí, volvemos a jugar al escondite
o a ver quién llega primero a tocar un muro
y recuperamos el sabor que nos dejó
nuestro primer beso.
Después y poco a poco
nos vamos diluyendo hasta el día de hoy.
Y entonces es cuando
nos damos cuenta
que nos hicimos viejos
y que somos sombras de lo que éramos.
Pero a veces
las sombras son mejores
que las personas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario