Menos mal
que se puso a llover en aquel mismo instante,
y aquellas gotas de agua fría se deslizaron por mi cuello
y corrieron buscando refugio
y hasta morir exhaustas en algún hueco de mi espalda.
Mientras tanto,
mis alarmas se disparaban,
y todas a la vez me decían:
cuidado que estás cayendo en su propia telaraña.
Y en esas dí un salto hacia delante
y rompí todos los cables y comunicaciones
que me ataban a esa persona.
De repente ví luz
y después pasó...
que la luz se vino conmigo
y mientras ella se quedó bajo la lluvia.

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