LOS DÍAS SE VAN CONVIRTIENDO EN...(Tiempos de Pandemia)

Hubo unos días en la pandemia y cuando todo dios estaba encerrado en su casa, en que salíamos algunos sanitarios en la ambulancia a recorrer las calles de la ciudad y ahí se puso de moda que la gente desde sus casas nos aplaudiera y en señal de agradecimiento a nuestra labor en la Pandemia.


Los días se van convirtiendo
en largas tardes primaverales
donde ahora, no pasa casi nada,
al final de la calle ladra un perro que antes no lo hacía,
ha pasado la hora de los aplausos,
bueno, ya no se aplaude tanto
¡y menos mal!,
yo cumplo en mi trabajo de médico
y siempre he cumplido lo mejor que pude
y para no ser mentiroso,
los primeros días de aplausos sentaban que te cagas,
pero con una semana llegaba,
incluso sobraba,
claro que algún sanitario que trabaja conmigo
los aplausos le crearon adicción
y como si fuera una puta droga dura
se chutaban el aplauso fácil
y cuando tú decías
¡ya está bien!
que estuvo muy bien
pero que hay saber cuando empieza a rebosar el vaso tanto halago,
entonces estos héroes de pacotilla,
te miraban con cara de haba
y como diciendo... será falso e hipócrita éste tío,
¡menudo falso de mierda!,
pensaban para sus adentros.
Pues os voy a decir una cosa
mis queridos pavos reales
ni soy ni lo uno ni lo otro,
ni falso ni hipócrita
soy médico y médico todo terreno,
he currado en todos los frentes y en todas las posturas,
me dieron satisfacciones a toneladas
y también me obsequiaron con grandes disgustos,
estoy bregado y currado por mis cuatro costados
y hasta mis entrañas tienen callo,
y el tema aplausos me pareció muy bien,
tuvo su día y su momento
pero en ésta vida hay que saber hasta que punto puedes llegar,
porque si fuera por mí
ahora mismo aplaudiría a toda esa gente invisible
que ha tenido, que tiene o casi, el mismo riesgo que yo,
yo aplaudiría
a los empleados de supermercados,
a las auxiliares de farmacia,
a las señoras de la limpieza de los hospitales y similares
y a todas esa personas que nos hacen llegar los alimentos,
pero claro, tanto aplauso no cabe en la misma hora,
pero que todo dios sepa,
que si yo salgo a aplaudir,
mi aplauso será dedicado a todas éstas personas...
¡yo ya tuve mi ración de aplausos!
y lo digo sin demagogias
porque al final...
¿qué podría ganar yo, mintiéndome a mi mismo?











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