Cuando la noche nos envuelve
con sus tentáculos negros
hay alguien allá arriba que enciende la luna
y como si todo estuviera perfectamente sincronizado
en ese espacio que hay entre el día y la noche
espacio muerto, al decir de algunos
espacio neutro, al decir de otros
espacio en tierra de nadie, diría yo
pero es tan corto y tan transitorio
que darle el nombre de espacio
asemeja ser como demasiado grande.
Quizá su nombre más adecuado sería
espacio en tránsito entre el día y la noche.
Cuando nos envuelve la noche
con su bello manto oscuro
mis ojos se iluminan por si sólos
no necesitan nada más que luz de luna
para que se enciendan como dos faros
que delimitan y definen cual es mi territorio
y hasta aquí puedes llegar
y hasta aquí te puedes acercar
o será mejor que por aquí no pases.
Después ya todo depende
y depende de las ganas que tenga de verte,
de amarte o de soñarte
y si tuviera muchas ganas
verías como además de mis ojos se iluminaría mi cara.
No pretendo ser un corazón palpitante
pero a veces creo, que lo soy
o estoy en ese espacio transitorio
que está entre la cordura y el amor.


