Hoy por la mañana cayeron cuatro gotas de lluvia y el resto del día, ha ganado claramente el sol y por goleada. Sol suave, cariñoso y amable y que me hace recordar a los veranos de mi infancia y porque la excepción en aquellos tiempos, eran las altas temperaturas que de cada vez con más frecuencia, se dan en mi tierra gallega. Mis veranos siempre fueron frescos, agradables, sonrientes y porque siempre estuvieron llenos de risas y de momentos agradables e inolvidables. Los veranos de mi infancia siempre fueron felices y si tuviera que elegir en que época de mi vida fuí más feliz, diría y sin pensarlo, los veranos de mi infancia y de una pequeña parte de mi pubertad. Después ya no lo fueron tanto y porque entré en ese bucle de la rebeldía hacia todo lo que me oliera a burgués. Y veranear era de burgueses acomodados. Y yo quería ser más o ser de otra forma más revolucionaria y rompedora y el modo veranear no entraba dentro de mis esquemas mentales. Por tanto y de repente y a los 14 o 15 años, dejé de veranear y porque simplemente ya no disfrutaba del veraneo.
Disfrutaba leyendo libros de todo tipo, hablando a todas horas de todo, pensando que tenía mucho que aportar al mundo, soñando en otro nuevo mundo y en todo lo que yo podía hacer por conseguirlo. De repente la playa dejó de gustarme y tumbarte al sol era una pérdida de tiempo y el bañarte era una gilipollez y el amar era el único lujo que me permitía hacer y al ser el único, pues figuraros como amaba. Amaba tanto y con tanta pasión, que llegué a pensar que sin amor no llegaría muy lejos. De aquellas tuve mi primera novia y de la que estaba enamorado hasta las cejas y ella también lo estaba de mí, pero éramos unos simples chavales con toda la vida por delante y todo eso indicaba que teníamos todo por aprender y por saber.
Yo me enganché rápidamente a mi revolución pendiente y a ese tema, le dedicaba las 24 horas del día. Mis padres se empezaron a mosquear conmigo y porque desparecía en medio de la noche para ir a hacer pintadas o tirar panfletos y entraba y salía de casa de forma continuada y casi ni hablaba con ellos y porque yo estaba en mi mundo y pensando que yo podía poner mi granito de arena para que se arreglara y eso me hacía sentir como un pavo real. Aunque siendo sincero del todo, antes de que todo esto sucediera tampoco hablaba mucho con ellos. En mi casa de aquellas imperaba el silencio y porque con mi madre más valía estar en silencio y porque si no me podía caer la del pulpo y mi padre ya llevaba varios años fuera del mapa, el pobre se sentía derrotado y vencido y la depresión se empezaba a asomar dentro de su cabeza y también por eso, prefería estar en silencio. Yo creo que por eso el silencio nunca me resultó molesto, ni me puso nervioso y porque estaba entrenado por vivir rodeado del silencio, aunque fuera un silencio espeso y tenso como era éste.
Después pasó lo que tenía que pasar y cada vez estaba más ocupado en mis cosas y la tensión con mi madre crecía a cada momento y aquello se convirtió en una guerra abierta que se acabó haciendo insoportable. Y un día, decidí irme de casa y me fuí a vivir a casa de un compañero de lucha (camarada, se decía de aquellas) pero claro tenía que pagar a medias la casa, la comida y demás mierdas y sin pensármelo dos veces me fuí a currar a un Astillero y creo recordar que duré tres meses y porque era un trabajo demasiado duro para un chaval de la clase media. Y me busqué otro curro en otra fábrica, ésta era una fábrica de gaseosas que en principio no había que levantar tanto peso, pero era un curre tan extraordinariamente aburrido y porque se curraba en cadena y siempre haciendo lo mismo y había que colocar las botellas adecuadamente y para después fueran rellenadas por gaseosa. Eras esclavo de la puta máquina y ella te marcaba el ritmo y si tú no lo seguías, venía el jefe y te echaba una bronca que no veas y además, te amenazaba con bajarte el sueldo a final de mes. Acababa a las 6 de la tarde y a las 7 tenía clases de Bachillerato nocturno y hasta las 10 de la noche. Cenaba y a dormir, que al día siguiente entraba a currar a las 6 de la mañana. Y esta no era la vida con la que tanto había soñado y en medio de ésta penosa experiencia, fue cuando decidí que yo quería seguir estudiando. Pero esa es otra historia que otro día os contaré.

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