Abrid la ventana a lo más entrañable,
y después, cerrarla sin más...
quedaros con eso
no lo dejéis marchar
y guardarlo bajo siete llaves.
Si esos mismos ojos que antes eran tan bonitos
ahora se han convertido en ojos extraños
y resultan ser más ajenos que próximos
y de su dulce y adorable mirar
han pasado a ser afilados puñales,
entonces... repito,
cerrar la ventana a cal y canto
y tapar todas las rendijas por donde se filtre la luz,
encended las lámparas interiores de supervivencia,
tumbaros en el sofá y esperar a que todo se cubra de noche
y cuando tu alarma interna indique que ha llegado la noche más oscura,
será el momento de volver a salir a la calle
y de no buscar nunca más aquél antiguo mirar
del que tanto me había enamorado,
y porque lo entrañable dura lo que dura
y de alguna manera,
siempre se va a quedar dentro de tí.
Yo siempre estaré agradecido
a quién me quiso de verdad
y a quién me sigue queriendo tal como soy
y aunque ahora mismo nos separe la distancia
te confirmo
que te seguiré queriendo.

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