LAS NUBES (Karmelo C. Iribarren).

 

 Las blancas y las grises,
las que se ruborizan
al atardecer,
las que viajan a velocidad de vértigo
y las otras,
las rezagadas,
que cuando son muchas deciden
quedarse unos días
sobre los tejados,
las que se ríen de los paraguas
-no soltando ni una gota-,
y las que les hacen trabajar;
las obedientes,
las caprichosas,
las que aparece que van a su aire
-estas suelen ser las peores-
y al final te llevan con ellas,
dejándote al rato quién sabe dónde,
casi siempre
en los lugares
a los que menos te apetece volver.
























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