A VECES, ME CONVIERTO EN ÁRBOL

 

A veces, me convierto en árbol
y sin más crezco y sin darme cuenta
soy un árbol casi centenario.
Bueno...
primero echo raíces en la madre tierra
y en donde me dan de comer.
Después, broto ramas y hojas por doquier
y a veces, me hago caduco
y por eso con el otoño
me dejo caer el pelo y parte de mi piel.
Soy más árbol que hombre
tengo savia por mis venas,
tengo más corteza que superficie de piel acariciada,
tengo más cielo que miedo
y tengo unas raíces tan profundas
que hasta a veces pienso
que estoy en contacto con el otro mundo.















PARA EMPEZAR


Para empezar y para que quede muy claro,
yo no soy escritor,
ni trabajo, ni como de ello
simplemente escribo
y lo hago lo mejor que puedo,
tiempo le dedico y más,
constancia a toneladas,
ganas abismales,
entusiasmo siempre desbordante
ánimo alucinante
y aclaro una cosa que previamente debía decir...
y todo esto lo hago por mí:
porque me divierte,
porque me enternece,
porque me hace sentirme feliz,
y porque por momentos
convierte a un don nadie
en un ser humano dotado de una preciosa varita mágica...















YO SOY DE PALABRAS LAS JUSTAS


Yo soy de palabras las justas,
las justas en número no en condición
o eso es lo que he pretendido
ni que sobren ni que falten
ni que nadie se duerma por aburrimiento
ni que suenen a hueco, ni a vacío,
ni a defensa numantina
y parapetado bajo muros de palabras
ni que sean misiles de pura consecuencia...
pero si tuviera que tirar de un lado,
prefiero la claridad al oscurantismo,
prefiero la luz de luna a la luz de una farola en una noche de niebla.
Me entusiasman los muelles
y su olor a mezcla de brea, gasoil y agua marina,
gran parte del día lo pasaría sentado en el muelle,
mejor en el silencio de la mañana,
cuando la niebla sigue pegada al sueño,
y el sol asoma tímidamente sobre la montaña de enfrente.
Mi padre me llevaba a ver los barcos en los muelles,
y yo iba como un niño con zapatos nuevos,
y creo que el olor a brea se me quedó pegado,
y los agudos chillidos de las gaviotas, también,
ahora escucho a una gaviota
y de nuevo me veo en aquellos viejos muelles
llenos de graznidos,
y sigo viendo a mi padre explicándome
porque ese barco tiene esa forma y ese tamaño
y porque tiene que realizar esa maniobra y no la otra,
y yo, pobre ignorante,
mirándolo con extrañeza,
porque mi padre se envolvía tanto en sus propias explicaciones
que se acababa aturullando de tal manera
que siempre repetía, no una,
sino un millón de veces la misma explicación
pero de cada vez peor explicada
y era empezar a hablar mi padre,
y mis oídos se cerraban a cal y canto,
era por puro instinto de supervivencia
ahora pienso que no era para tanto,
que debí escucharle más y muchas más veces,
que debí de ayudarle a salir de la oscuridad
que sufrió posteriormente,
que tenía que haber puesto más ganas y más esfuerzo,
que a lo mejor al final,
lo hubiera entendido un poquito,
aunque fuera un poquito así de chiquitito,
pero no,
yo me encerré en banda
y me atrincheré contra sus palabras
y cuando un día quise hablar con él
y para sincerarnos un poco,
ya era demasiado tarde
se había ido de viaje al mundo de la depresión
y se fue cerrando la puerta tras él
y sus últimos años de vida,
fue un pobre ser que estaba más muerto que vivo.






















MONTADA A LA TIERRA (Ofelia Zepeda)

Montada a la Tierra
Volví a sentir cómo se movía la Tierra, dijo.
Nunca supe si quiso decir que sintió un temblor
o si percibió la rotación de la Tierra.
Me gusta pensar que lo que sintió fue la rotación,
porque cualquiera siente un temblor.
Cuando ella sintió ese movimiento
pudo verse a sí misma
de pie sobre la superficie de la Tierra.
Sus pies grandes, anchos, sólidamente plantados;
sus dedos enclavados al suelo.
Es tan fuerte la visión
que casi siente cómo su cuerpo se arquea
debido a la fuerza centrífuga de rotación.
Observa su abundante pelo flotar,
flotar sobre la atmósfera y las estrellas.
Ella monta al planeta como si fuese un juguete.
Un niño al que le gusta tomar el sol la acompaña
y un hombre desde la luna le sonríe cuando pasa.

PENITENTES DE NIEVE

 PENITENTES DE NIEVE (también llamados simplemente “penitentes”, o “nieves penitentes”), son pináculos temporarios de nieve, formados a gran altura en las montañas durante el verano, ante condiciones atmosféricas particulares que favorecen el paso de la nieve desde el estado físico de agua sólida al estado físico de agua gaseosa, sin pasar por el estado físico de agua líquida. A esto contribuye una serie de fenómenos físicos que se retroalimentan a partir del desarrollo inicial de los penitentes. Estos pináculos forman grupos orientados según la trayectoria aparente del Sol.













"Aquellas pequeñas cosas", Joan Manuel Serrat


 "Uno se cree
que las mató
el tiempo y la ausencia.
Pero su tren
vendió boleto
de ida y vuelta.
Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas".


El ciclo de la vida, según Blanca Varela.


 

A VECES, ME CONVIERTO EN ÁRBOL

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