Chavela Vargas

 " Hay un momento de la noche,

cuando entre el tequila,

el calor y los recuerdos,

la canción hace que los diablos

y los ángeles se reconcilien ".














Hay días en que no sé donde meterme

 Hay días en que no sé donde meterme

será por mis fallos

será por mis errores

será por mis frustaciones e indecisiones

o será mi temor a cometer otro nuevo error

y porque cometer otro grave error sería imperdonable.

He cometido tantos

que ya ni llevo el recuento de ellos.

O será porque yo siempre he sido así

y mi espejo estaba trucado desde mi nacimiento

y sólo he visto de mí el perfil que más me gustaba

 y siempre quise mantener la ternura de aquella mirada

el verde esperanza de mis ojos

el suave contorno de mis pómulos

la ironía reflejada en mis labios

la hermosa cicatriz de aquella pedrada

y cuando alguien me miraba y se decía

este tío no ha roto un plato en su vida

me sentía obligado a enseñar

las cicatrices bajo mi pelo

y ésta me la hicieron cuando a los 8 años

cuatro tíos

fueron a por mí

pero alguno de ellos también salió señalado

y esta de 16 puntos me la hizo un grupo de fachas

en la universidad y que iban armados hasta los dientes

y yo que era un tío de sangre demasiado caliente

me fuí a por ellos solo con mis manos

y hasta que una barra de hierro me dió de pleno

y allí me dejó tumbado.

Pero hubo venganza

y a la semana siguiente

los que íbamos armados éramos nosotros

y le quemamos el chiringuito donde propagaban

sus ideales fascistas

y los manteamos un poco bastante a palos

y su chiringuito desapareció para siempre.


Estoy hecha de retazos. Cora Coralina.

Estoy hecha de retazos.
Pedacitos coloridos de cada vida que pasa por la mía y que voy cosiendo en el alma.
No siempre son bonitos,
ni siempre felices, pero me agregan y me hacen ser quien soy.
En cada encuentro, en cada contacto,
voy quedando mayor…
En cada retazo una vida,
una lección, un cariño, una nostalgia
que me hacen más persona,
más humana, más completa.
Y pienso que es así como la vida se hace:
de pedazos de otras gentes que se van convirtiendo en parte de la gente también.
Y la mejor parte es que nunca estaremos listos ni finalizados…
Siempre habrá un retazo para añadir al alma.
Por lo tanto, gracias a cada uno de ustedes,
que forman parte de mi vida y que me permiten engrandecer mi historia con los retazos dejados en mí.
Que yo también pueda dejar pedacitos de mí por los caminos y que puedan ser parte de sus historias.
Y que así, de retazo en retazo podamos convertirnos, un día, en un inmenso bordado de nosotros.

LAS AFUERAS (Luis Felipe Comendador)


Las afueras,
ese cáncer brutal de las ciudades
donde el bullicio olvida a los sin nombre
más allá del olvido.
“Tienes que ir”
–me dijo con los ojos
asomados tan adentro de mí–.
“Tienes que ir a darles esperanza,
aunque sea mentira”.
Fui como un niño atento,
con la boca asombrada,
con las manos temblando,
con un miedo caucásico
de no estar a la altura
de todo aquel desastre.
Trepaba el taxi viejo por los cerros,
patinaba en las curvas inconcretas,
derrapaba en la arena
y salvaba los ranchitos de milagro.
Yo no era de aquel sitio
ni de aquella miseria,
yo no era de sus rasgos
ni de su hablar pausado,
yo no era de esa mugre de chinches
y zancudos y agua sucia.
Se sucedían las casas de plásticos y adobe,
los niños sin zapatos mirando con asombro,
algún hombre sentado con la mirada huraña,
cerro tras cerro, arena.
El taxi dijo basta.
Trepar era ya el único artilugio
con el que abrirse paso por los cerros.
Arriba, justo en la línea gris del horizonte,
puntitos de colores
rodaban por la cuesta hasta nosotros.
Eran niños hermosos
empañados de arena, sin zapatos,
con sonrisas de ángeles sin alas…
¡Esa suciedad limpia de los pobres!
Sin mediar los prejuicios de occidente,
me abrazaron fortísimo,
me llenaron de besos y miradas de asombro,
hicieron piña en mí, como si fuera alguien,
y ya no fue posible dar el paso siguiente.
¡Éramos uno juntos!
Sin más, me dieron todo,
todo lo que tenían:
su sonrisa y sus brazos.
Yo les prometí un mundo occidental
y un futuro.
Les mentí y lo sabía.
Les mentí y lo sabían.



















OCTAVIO PAZ


Todo respira, vive, fluye:
la luz en su temblor,
el ojo en el espacio,
el corazón en su latido,
la noche en su infinito.













A veces se hace agradable hacerse gente

A veces se hace agradable
hacerse gente
y diluirse en mares de brazos, piernas y ojos
y comer sano porque te apetece a tí
y no porque los demás te lo impongan
y sentarse sin más en cualquier lugar
a disfrutar de ese momento de paz infinita.
Ser mucho más que muchos
que todos ellos haciendo masa
y tener miles de cerebros remotos
que funcionan por sí sólos
andar entre millones de pies que se parecen a los tuyos,
ser un cuerpo que se une y se funde con otro cuerpo cualquiera,
caminar codo con codo y rozándolo todo,
con el corazón en una mano
y con la otra, levantar al compañero que se ha caído
y al mismo tiempo
ser marea y ser océano.
Me gustaría haber anidado,
en las ramas más altas de aquél ciruelo
y disfrutar de las mejores vistas alrededor de mi vida
y ser pájaro que bate sus alas
y que cuando quiere se escapa
y se va detrás de los patos que emigran hacia el norte.














MI VIAJE Y EL PUENTE


 En éste puente yo aterricé con mi nave interestelar. Venía de visitar otros planetas, otros satélites y de perseguir estrellas fugaces y porque no lograba entender el porqué de su fugacidad (de hecho, lo sigo sin entender). No aterricé sobre el mismo puente y porque mi nave y por su propio peso de máquina infernal, se lo llevaría a los infiernos de la profundidad y entonces fue al lado y sobre un saliente de roca granítica y fuertemente resistente y al ver la hermosura de ese puente, ahí mismo me dí cuenta que en la Tierra hay tesoros escondidos y mi esperanza es que nunca se encuentren y porque si no ese hermoso puente que vemos en la foto, cubrirán sus escalones con cemento, pondrán a dos gorilas a cada lado del puente y el que no pague le harán dar la vuelta y ya que ha ido hasta allí pues el gorila le informará adecuadamente y a los que se niegan a pagar, le dirán que a menos de 50 metros del puente hay un par de chiringuitos que venden réplicas de plástico del puente y los que pagan y podrán pasear por él, dirán que si tiras desde arriba un euro, te acompañará la suerte el resto de tu vida y mientras tanto, todo ese inmenso montón de euros cubrirán el cauce del río que discurre por debajo del puente y que al final se morirá por quedarse seco y acabará convertido en un basurero que tiene por encima un puente de piedra. La otra versión, es que si tiras pequeñas piedras del muro que lo delimita, podrás formular un deseo por cada pequeña piedra que tires. Y al final, el puente también se quedará primero sin muro, después sin escaleras y por fin, sin el propio puente de piedra. También me dí cuenta que hay almas que nunca descansan, algunas porque son insomnes, otras porque son más de ciudad y no les gusta vivir en medio de la naturaleza donde no hay móviles, ni internet, ni televisión. También sentí que allí había gritos inaudibles de almas sufrientes que algún día se tiraron desde él, que había susurros de inocentes que fueron tirados por otros y que había miedos que de vez en cuando rebotaban entre las sonoras paredes del desfiladero donde se apoyaba el puente, pero que ante tanta inusitada belleza, el miedo, los gritos y los susurros, se convertirían en gotitas de agua y sal y es cuando me puse a pensar, que las piedras también lloraban.

Leopoldo Lugones. "Otoño"


 "No temas al otoño, si ha venido. Aunque caiga la flor, queda la rama. La rama queda para hacer el nido".


YO ESCOGÍ ÉSTE OFICIO

Yo escogí éste oficio, digo...el de ser médico, el de escribir... vino después, mucho después, fue tanto después... que no me acuerdo del ti...