A veces se hace agradable hacerse gente

 HACERSE GENTE


A veces se hace agradable
hacerse gente
y diluirse en mares de brazos, piernas y ojos
y comer sano porque te apetece a tí
y no porque los demás te lo impongan
y sentarse sin más en cualquier lugar
a disfrutar de ese momento de paz infinita.
Ser mucho más que muchos
que todos ellos haciendo masa
y tener miles de cerebros remotos
que funcionan por sí sólos
andar entre millones de pies que se parecen a los tuyos,
ser un cuerpo que se une y se funde con otro cuerpo cualquiera,
caminar codo con codo y rozándolo todo,
con el corazón en una mano
y con la otra, levantar al compañero que se ha caído
y al mismo tiempo
ser marea y ser océano.
Me gustaría haber anidado,
en las ramas más altas aquél ciruelo
y disfrutar de las mejores vistas alrededor de mi vida
y ser pájaro que bate sus alas
y que cuando quiere se escapa
y se va detrás de los patos que van hacia el norte.














MI VIAJE Y EL PUENTE


 En éste puente yo aterricé con mi nave interestelar. Venía de visitar otros planetas, otros satélites y de perseguir estrellas fugaces y porque no lograba entender el porqué de su fugacidad (de hecho, lo sigo sin entender). No aterricé sobre el mismo puente y porque mi nave y por su propio peso de máquina infernal, se lo llevaría a los infiernos de la profundidad y entonces fue al lado y sobre un saliente de roca granítica y fuertemente resistente y al ver la hermosura de ese puente, ahí mismo me dí cuenta que en la Tierra hay tesoros escondidos y mi esperanza es que nunca se encuentren y porque si no ese hermoso puente que vemos en la foto, cubrirán sus escalones con cemento, pondrán a dos gorilas a cada lado del puente y el que no pague le harán dar la vuelta y ya que ha ido hasta allí pues el gorila le informará adecuadamente y a los que se niegan a pagar, le dirán que a menos de 50 metros del puente hay un par de chiringuitos que venden réplicas de plástico del puente y los que pagan y podrán pasear por él, dirán que si tiras desde arriba un euro, te acompañará la suerte el resto de tu vida y mientras tanto, todo ese inmenso montón de euros cubrirán el cauce del río que discurre por debajo del puente y que al final se morirá por quedarse seco y acabará convertido en un basurero que tiene por encima un puente de piedra. La otra versión, es que si tiras pequeñas piedras del muro que lo delimita, podrás formular un deseo por cada pequeña piedra que tires. Y al final, el puente también se quedará primero sin muro, después sin escaleras y por fin, sin el propio puente de piedra. También me dí cuenta que hay almas que nunca descansan, algunas porque son insomnes, otras porque son más de ciudad y no les gusta vivir en medio de la naturaleza donde no hay móviles, ni internet, ni televisión. También sentí que allí había gritos inaudibles de almas sufrientes que algún día se tiraron desde él, que había susurros de inocentes que fueron tirados por otros y que había miedos que de vez en cuando rebotaban entre las sonoras paredes del desfiladero donde se apoyaba el puente, pero que ante tanta inusitada belleza, el miedo, los gritos y los susurros, se convertirían en gotitas de agua y sal y es cuando me puse a pensar, que las piedras también lloraban.

Leopoldo Lugones. "Otoño"


 "No temas al otoño, si ha venido. Aunque caiga la flor, queda la rama. La rama queda para hacer el nido".


A veces se hace agradable hacerse gente

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