Pues nada, que ya estamos metidos en el día de mi cumpleaños. Por si acaso me he tocado y hasta me he pellizcado y para saber si sigo vivo. A partir de ahora, será una práctica que tendré que hacer el día de cada uno de mis cumpleaños. Y a ver, quién nos puede asegurar que estamos en ésta vida y no en la siguiente y porque nadie sabe como será la siguiente y en mi caso, si alguien me puede decir si estoy viviendo en el infierno o si sigo viviendo en éste precioso pueblo. A lo mejor mi infierno es seguir viviendo en mi casa y todo feliz y todo contento. No estaría tan mal el tema. Pero tampoco el infierno tiene que ser una puta tortura a la que te somete un demente diablo. Y quién nos puede asegurar que no somos un basurero de otro planeta. Y a lo mejor para los habitantes de ese planeta, la tierra es su puto infierno. Por tanto vivamos y no digamos mucho más y porque en silencio se piensan mucho mejor las cosas. Y para mí el tema del pensar, es demasiado importante. Me gusta pensar en voz baja y como si estuviera hablando en susurros al viento. Hablando del viento, el viento me encanta y tiene la cualidad de levantar mi estado de ánimo. Y cuanto más viento, mejor me encuentro. Menos con aquél viento de Levante que sufría en tierras gaditanas. Primero porque era y es, un viento bestial. Segundo, porque es un viento que viene directamente del desierto y que tiene el poder de secarlo todo y de dejarlo todo mustio y en estado agónico. Incluído tú mismo. Seco, áspero, sin alma, sin cuerpo y sin ganas de nada.
Tengo un amigo que sigue viviendo allí, que decía y supongo que seguirá diciendo, que ante ese estado medio larvario al que te somete el viento de Levante, te debes proponer hacer dos o tres cosas y no más y que tendrás que hacer ese día de asesina levantera. Dos o tres cosas y no 20 ni 25. Dos o tres y que ya tenías planificadas previamente, pero el día anterior les metes un repaso. Pocas pero muy centradas. Pocas, pero que había que hacerlas sí o sí y de alguna manera lograr aislarse del puto viento y centrado totalmente en esa faena. Pocas, pero como ese día tu energía estaba bajo mínmos, el truco estaba en dosificarla para que fuera suficiente para hacer esas dos o tres cosas. A partir de la tercera te quedabas sin gasolina y pasabas a ser un miembro más de los muertos vivientes o zombis. Otra cosa que he aprendido en ésta vida, es que hay que saber como dosificar tu energía y cuando usarla y cuando no. Parece una tontería, pero no lo es.
Si os soy sincero del todo, tengo que decir que por cada sitio y lugar por donde he pasado y he vivido a lo largo de mi azorosa vida. a todos los echo muchísimo de menos. Cada sitio ha tenido su encanto particular y cada uno se ha llevado una parte de mi alma y por eso siento como mi alma está desperdigada por cada uno de esos hermosos sitios. Y esa es otra lección que me ha dado la vida. Y me ha hecho comprender que cada lugar y sitio tiene un tesoro escondido. Y unas veces cuesta más encontrarlo y otras veces te lo encuentras tras la primera curva. Y porque la belleza se encuentra en cada sitio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario