¿Y donde se ha quedado aquella muerte que me prometiste?
yo la quería breve, fulgurante y brillante
y con la tibia caricia del sol de media tarde
y en silencio y sin música de fondo
sentado en una silla tan vieja como mis huesos
y de repente me estalla el corazón
y mis manos se van al pecho
mientras mi cuerpo cae fulminado al suelo.
Ya está
ya me he muerto
pero por un momento he vuelto
y para deciros
que a la muerte no se le pueden pedir condiciones
y por tanto, no hay pactos posibles
y morirás el día, la hora, el mes, el año
que la muerte haya decidido que te vas a morir.

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