Si yo fuera dios
(que no lo soy, ni lo pretendo)
no crearía al ser humano a mi semejanza
cogería un algo de algunas de mis partes
quizá el trozo menos amargo de mi alma
y hace bastantes años y cuando era una joven promesa
cogería alguna parte de mi cuerpo
puede que mi mano izquierda y poco más.
Físicamente no nací demasiado dotado
salvo mi mano zurda que siempre fue lista y poderosa.
Nací, zurdo de mano
(de pies, soy diestro)
aprendí a comer con mi mano izquierda
y también intenté escribir con ella
y entonces algunas mentes perversas que en teoría se tenían
que encargar de mi educación,
pensaron
que era un vicio que había que corregir
y empezaron los castigos y las bofetadas
cada vez que me saltaba sus putas reglas ridículas y patéticas.
Ataban mi mano zurda a la silla
o a la pata de la mesa
y como si mi mano estuviera envenenada
por un demonio que lógicamente,
era tan zurdo como yo lo era.
Y esa fue mi primera idea de lo que era un pecado mortal
haber nacido zurdo
y porque el demonio de alguna manera
se había colado en mi cuerpo
y por eso había que exortizarme
y para echar al demonio de mi cuerpo.
Mi madre y los curitas hicieron piña
y recibí por todos lados
y algunas cosas consiguieron
como que escribiera y comiera con la derecha
pero en los deportes de mano
seguí siendo, zurdo declarado.
En los deportes no les importaba
que jugara con mi mano endemoniada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario