Usted tiene la bala
y yo tengo la finura de la palabra.
Además,
mi palabra no mata,
aunque hiere si yo quiero
pero nunca mata.
Aunque hay veces
que se revuelve y se enrosca sobre su propia sombra
y se hace serpiente venenosa
que al final, siempre muda de piel
y vuelve a su estado natural,
que es hablar sin matar a nadie.
Por eso vuelvo al principio
usted tiene la bala
y yo tengo el poder de la palabra.

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