Cuando yo paso de todo
(que en muy pocas veces lo consigo)
me escondo dentro de mi propio ombligo
y mi mundo pasa a ser lo que él me ofrece
y mi cielo es el que se ve desde ese agujero oscuro y negro
y mi vida consiste en subir y bajar por sus paredes húmedas
y entonces y de repente, me pongo a pensar
no sé donde se encuentra la puerta de salida
y que bajar o subir puede ser un buen entretenimiento
pero sigo sin poder salir de mi propio ombligo
y entonces me encojo y me hago ovillo
apoyo mi cabeza entre mis rodillas
y decido que ya llegará el momento propicio
y que si no es hoy, será mañana
o ya se aburrirá mi ombligo de mí
y porque al fin y al cabo
soy un cuerpo extraño para él
le incordio, le molesto, le estorbo
si me muevo le causo cosquillas
y si lloro lo convierto en mar
si me arranco a cantar se pondrá a vibrar
si le pido comida me dirá
¿tú no sabes lo que es pasar hambre?
y es verdad
y además, mi hambre no es de comer
y es más hambre de querer.

No hay comentarios:
Publicar un comentario