AMOR Y AMISTAD

 

Decía Gabriel García Márquez sobre los amigos: "sólo entonces comprendí que morir es no estar nunca más con los amigos". Pues yo pensándolo bien, ese paso ya lo he dado. Me he despedido de cada uno, unas veces bien (las menos) y otras veces mal y alguna de ellas se ha quedado en puntos suspensivos, aunque dudo y mucho, que volvamos a ser tan buenos amigos como éramos. Yo esto, lo comprendí hace mucho tiempo y antes de espicharla, tendría que irme despidiendo. Pues asunto arreglado y de mis amigos de infancia y juventud, no me queda ninguno. En el recuerdo sí que los tengo conmigo y sólo entonces comprendí (emulando a García Márquez) que era mejor dejarlos ahí e instalados en el puto recuerdo. De ésta forma y manera los disfruto más y mejor y no me ando con medias tintas de ver como nos reenganchamos y hoy muy bien y mañana no tanto y pasado tendremos que volver a empezar de nuevo. Tengo 70 años y no estoy para que jueguen conmigo (aunque esa no sea su intención) y menos en el terreno de los sentimientos y ayer te quise y ahora no sé si te quiero. Ni vamos a quedar y para ver como va la cosa y porque eso te lo respondo ahora mismo, la cosa va ir muy mal. No tengo ganas, no tengo paciencia y cada día que me queda de vida, es para disfrutarlo con todas sus letras. Y además el día en que la espiche me dará exactamente igual que vengan mis amigos a mi entierro. Estaré muerto y creo que después de muerto, la amistad y el amor se morirán contigo.

Tampoco creo que en el más allá, uno no tendrá la oportunidad de sentir el amor y la amistad. Yo sinceramente después de la muerte veo todo blanco o todo negro y no se moverá ni una hoja por el viento, ni lloverá sobre los charcos, ni saldrá el sol y la luna, ni existirán coches, ni trenes, ni aviones. Todo será la nada y la nada será blanca o será negra y no habrá colores ni matices grises. El amor y la amistad serán unos recuerdos tristes que en su tiempo te hicieron ser feliz. Sólo mucho después de tus épocas más felices te haces consciente de que en aquellos días fuíste feliz y que a lo mejor, fuíste el tío más feliz del mundo. Y si eso mismo lo has sentido varias veces en tu vida, pues es como si te hubieras tocado la lotería. Ni toda la pasta del mundo supera a estos momentos de felicidad. En el amor y en la amistad, nada se compra ni se vende, ni tiene valor en bolsa y porque no es ninguna inversión bursátil. Son como son y las dos funcionan a través de los sentimientos y si los hay, podremos hacer algo y si no los hay, no podremos hacer nada.

Hay cosas que funcionan así, tienen autonomía y vida propia y deciden sin depender de las demás cosas. Hay personas que en teoría serían tus prototipos de la amistad y del amor y en cambio no te haces amigo de ellos y menos, te enamoras como un piojo. En esto hay algo mágico que de momento y como seres humanos que somos, no somos capaces de entender. Puede que el secreto esté dentro de una mirada o dentro de su sonrisa o risa o dentro de sus gestos y movimientos y de ahí salta esa chispa que te hará enamorarte de esa persona y que en principio no entraba ni de lejos, dentro de tu prototipo. Por tanto, cuando sientes el calambre de esa chispa, hay que dejarse llevar por ella y hasta que la mecha del amor se acabe de nuevo. Al decir de algunos, hay casos que duran toda la vida. Y yo no digo que no, pero me cuesta y mucho, creérmelo del todo. Lo del amor eterno se lo dejo para dios y para sus compinches celestiales. Desde luego sus compinches terrenales (los curitas, obispos  y demás) al parecer prefieren el culito de un niño o niña (no todos, pero sí son muchos más de los que dicen ser). 












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