Así que la soledad,
¡era esto!
resulta que era esto,
que era abrazar al vacío que has dejado,
que era mirarte en el espejo de los recuerdos,
que era andar descalzo en las tardes de verano,
que era poner dos platos y comer en uno solo,
que era dialogar con tu ego,
y besar al aire y como si fueran tus labios,
y aprender a oír tu tenso y denso silencio
y echando en falta la belleza de tus palabras...
Y ahora todo se cubre de ecos muertos,
de caricias de otros tiempos,
de aquellos dulces besos en la cocina
y de aquellas noches al borde del abismo
y jugando con nuestra insumisa locura.
Y ahora me acabo de dar cuenta,
de que la soledad,
¡era esto!.

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