Y es que sin decisiones...¡no hay futuro!.

 

En mi caso

y en el de muchos casos más

que sean parecidos al mío

hasta los 70 años aún conservamos rasgos humanos

y a partir de los 70

se nos empieza a encoger todo

nuestra piel se hace pergamino

nuestro propio cuerpo

te hace mirar hacia el suelo

tropezamos con más cosas

agacharnos es una tortura inhumana

nos queremos de diferente manera

nos fijamos en cosas que antes ni le dábamos importancia

nos preocupa más nuestro propio equilibrio

desde el físico, hasta el emocional

y exigimos mucho más de las personas que nos rodean.

Pedimos más calma y tiento

y porque todo lo que se decide con prisa

se atropella y tiene un alto porcentaje de equivocación.

Yo con 70 años pido

más cariño, más comprensión,

más tacto,

más precaución antes de decir que sí o que no

pero eso no lleva

a que uno se abandone en la toma de decisiones.

La toma de decisiones

es un asunto sagrado para mí

y cuando aplazo alguna demasiado tiempo

me entra una desazón que me reconcome por dentro

y entonces es cuando me digo

no habrá un mañana si antes no decido.

Y es que sin decisiones...¡no hay futuro!.

De hecho, 

yo ahora tomo más decisiones que nunca

aunque también se podía decir

que he dejado otros espacios liberados

pues ya no tomo decisiones médicas

y es más, nunca más las voy a tomar

y porque mi jubilación es universal

y eso engloba a la propia medicina

y a todo lo que la rodea.

Quiero decir que en otra vida he sido médico

y que en la de ahora

en la que ahora mismo estoy viviendo

la medicina es tiempo pasado

y el tiempo pasado ya no mueve molinos.













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