En mi caso
y en el de muchos casos más
que sean parecidos al mío
hasta los 70 años aún conservamos rasgos humanos
y a partir de los 70
se nos empieza a encoger todo
nuestra piel se hace pergamino
nuestro propio cuerpo
te hace mirar hacia el suelo
tropezamos con más cosas
agacharnos es una tortura inhumana
nos queremos de diferente manera
nos fijamos en cosas que antes ni le dábamos importancia
nos preocupa más nuestro propio equilibrio
desde el físico, hasta el emocional
y exigimos mucho más de las personas que nos rodean.
Pedimos más calma y tiento
y porque todo lo que se decide con prisa
se atropella y tiene un alto porcentaje de equivocación.
Yo con 70 años pido
más cariño, más comprensión,
más tacto,
más precaución antes de decir que sí o que no
pero eso no lleva
a que uno se abandone en la toma de decisiones.
La toma de decisiones
es un asunto sagrado para mí
y cuando aplazo alguna demasiado tiempo
me entra una desazón que me reconcome por dentro
y entonces es cuando me digo
no habrá un mañana si antes no decido.
Y es que sin decisiones...¡no hay futuro!.
De hecho,
yo ahora tomo más decisiones que nunca
aunque también se podía decir
que he dejado otros espacios liberados
pues ya no tomo decisiones médicas
y es más, nunca más las voy a tomar
y porque mi jubilación es universal
y eso engloba a la propia medicina
y a todo lo que la rodea.
Quiero decir que en otra vida he sido médico
y que en la de ahora
en la que ahora mismo estoy viviendo
la medicina es tiempo pasado
y el tiempo pasado ya no mueve molinos.

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