Dejaste la puerta abierta,
dejaste entrar lo que no tiene nombre,
ni tiene sentido, ni pausa, ni alivio
dejaste pasar la apariencia
y para disfrazarte de ella,
dejaste pasar lo mezquino,
lo trivial, lo anodino,
dejaste atrás el abrazo amable
y la palabra sincera
y aquél maravilloso cruce de lenguas,
dejaste atrás la mirada tierna de aquellos días,
la caricia de mis dedos por los huecos de tu espalda,
dejaste todo en la puerta de entrada
y cuando volví a ver tu nuevo rostro
me dije a mí mismo:
será verdad que en ésta puta vida
todos nos equivocamos.

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