Y no
y no era el fin del mundo
aunque a veces lo pareciera.
Tarde otoñal
playa desierta
un pobre alma bañándose
mar sedado y durmiendo la siesta
cielo a medias
a ratos gris, a ratos azul
y al fondo
se veía el Faro
el Faro del fin del mundo.
Y nosotros aún sin saber
que hablaríamos de nuestra propia historia.
Andamos lentamente por la arena mojada
por allí se paseaba un cangrejo
siempre andando al revés
y en ese momento pensé...
pues como nosotros
siempre quedamos en hablar
y nuestra conversación se desenvuelve en el absoluto silencio
y tú ¿que me querías decir?, le pregunto
y ella me responde...
nada, no tiene importancia
pero ¿está claro que no estamos bien?, le insisto
pero ella fuma de forma compulsiva
y exhala en humo como si tuviera prisa
y con voz nerviosa, me responde
pues no, no lo estamos
pero es que si hablamos, nos cabreamos
y yo paso de tus cabreos y de tus malas historias
y yo por dentro pensando lo mismo
y en silencio le respondo
pues yo también paso de los tuyos.
Y ya llegando al final de la playa
los dos nos decimos casi al mismo tiempo
seguiremos hablándolo otro día
y en que los dos estemos más calmados.
Pasaron los días
pasaron los meses
pasaron los años
y esa playa la recorrimos miles de veces
y aquella conversación aplazada
siempre tuvo el mismo resultado,
el silencio acompañado del sonido de nuestros pasos.

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